jueves, 31 de octubre de 2019

Terror otoñal

Los dos bombardeos nucleares (日本への原子爆弾投下)


Japón y la Unión Soviética tuvieron un pacto de neutralidad entre 1941 y 1945, pero al final de la Segunda Guerra Mundial los soviéticos estaban preparando una invasión. Stalin había hecho un pacto en la Conferencia de Yalta en febrero de 1945 para entrar en la guerra del Pacífico dentro de los 3 meses posteriores a la derrota de Alemania (mayo de 1945). Después de la derrota de Alemania, los japoneses se habían acercado a los soviéticos (mientras el pacto de neutralidad aún estaba en vigor) en busca de ayuda para negociar un acuerdo de paz con los aliados, a cambio de amplias concesiones. Stalin expresó interés y prolongó el proceso el mayor tiempo posible, mientras preparaba la fuerza de invasión. Los japoneses evitaron dar una respuesta al ultimátum dado por los Aliados en la Declaración de Potsdam (26 de julio de 1945), aun esperando una respuesta de los soviéticos. En la noche del 8/9 de agosto de 1945, la Unión Soviética invadió Manchukuo con más de 1.5 millones de soldados, sorprendiendo completamente a los japoneses. Más tarde ese día (9 de agosto), Estados Unidos lanzó la segunda bomba atómica sobre Nagasaki.  Entonces, la inminente invasión soviética de Japón, junto con planes similares aliados, resultó en la decisión del Japón imperial de rendirse.

Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio del Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente, lo que contribuyó, junto con la Guerra soviético-japonesa, a la rendición de Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Entre 105 000 y 120 000 personas murieron y 130 000 resultaron heridas.​

Hasta la fecha, estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia.

La crisis de los misiles cubanos


Plutarco, que conocía la naturaleza humana: “Mueran también los amigos, con tal que los enemigos mueran con ellos”.


El 19 de agosto de 1998 fallecía el oficial del ejército ruso Vasili Arjipov, a la edad de 72 años. Poco podían sospechar su hija, Yelena Andriukova, y su nieto Sergei, que en apenas un par de años el nombre de su familiar iba a aparecer en los medios de comunicación de todo el mundo como “el hombre que salvó al mundo” o “el hombre más importante de la historia moderna.”

La historia es recogidas en la novela ‘The Last Saturday of October. The Declassified Secrets of Black Saturday‘, en la que el ingeniero especialista en submarinos David Gilbert noveliza lo ocurrido en el submarino ruso B-59 en octubre de 1962. En la novela, los dos principales protagonistas son Arjipov y Valentin Savitsky, el comandante del B-59 que estuvo a punto de presionar el botón rojo nuclear.

El 22 de octubre, el presidente John Fitzgerald Kennedy lanzó un ultimatum ante la consternación de la población mundial: cualquier misil lanzado desde Cuba a cualquier aliado occidental sería considerado como un ataque de la Unión Soviética a Estados Unidos, que tomaría las represalias necesarias. Un misil nuclear T-5, con una capacidad semejante a la bomba que fue arrojada sobre Hiroshima, era precisamente lo que se encontraba a bordo del B-59, totalmente listo para ser disparado en caso de que estallase la guerra.

Eso era lo que sopesaron los comandantes del submarino ruso cuando el día 27 comenzaron a ser atacados por el USS Randolph y otros 11 destructores, después de ser detectados cerca de la bahía de Mariel, en Cuba. Las cargas de profundidad y bombas sub acuáticas comenzaron a golpear los casos de la flota soviética, y tres de los submarinos se vieron obligados a emerger ante la falta de oxígeno. No ocurrió lo mismo con el B-59 de Arjipov, que durante cuatro horas valoró contestar el ataque estadounidense con su arma especial, lo que muy probablemente habría supuesto el final de la guerra fría y el comienzo de un enfrentamiento bélico de imprevisibles consecuencias. Si no ocurrió fue, sobre todo, gracias a la intervención de Arjipov, que tenía 34 años en aquel momento.