miércoles, 2 de septiembre de 2026

La razón y las razones

En una reciente plática de sobremesa con mi familia, observé que cada vez es más común que la gente se estacione en las esquinas de las calles de nuestras zonas residenciales. Ante mi comentario, un familiar, caracterizado por ser asertivo en extremo, declaró, sin pestañear, que estacionarse en las esquinas es simplemente una cuestión de "sentido común" y que solo las personas carentes de dicho sentido podrían encontrar alguna falla en hacerlo. No me sorprendió el tono tajante de su postura, pero me pareció contradictorio con sus opiniones frecuentes, en las que suele expresar una desaprobación hacia otras infracciones antisociales menores, como invadir cajones para personas con discapacidad o abandonar el carrito del supermercado a mitad del estacionamiento.

La planificación urbana moderna y la ingeniería de tránsito demuestran que prohibir el estacionamiento en las esquinas no es un capricho burocrático, sino un principio básico de seguridad vial. En el diseño urbano existe el concepto del triángulo de visibilidad: el ángulo despejado que requiere un conductor para verificar que no se aproximen otros vehículos o peatones antes de incorporarse a un cruce. Estacionar un automóvil en la esquina anula esta línea de visión, fuerza a los conductores a asomarse a ciegas hacia el carril de circulación, reduce drásticamente el radio de giro para vehículos de emergencia —como ambulancias o camiones de bomberos— y desprotege al peatón al eliminar su zona segura de cruce.

Desde la psicología social, apelar al "sentido común" para justificar un riesgo objetivo responde a lo que Leon Festinger definió como reducción de disonancia cognitiva, sumado al fenómeno de la hipocresía moral investigado por Daniel Batson: la tendencia del individuo a evaluar sus propias transgresiones bajo el lente de la necesidad práctica mientras juzga las faltas ajenas como fallas de carácter moral.

Esta escena doméstica me remitió de inmediato a un aforismo que me ha resonado últimamente: aunque no siempre hay razón, siempre hay razones. La aparente incoherencia de mi familiar no es una anomalía personal, sino la manifestación en miniatura de cómo los individuos reajustamos nuestro marco moral según la conveniencia inmediata. Ocupar la esquina resuelve un problema privado de espacio a costa de poner en riesgo la seguridad colectiva. Cuando una falta propia se vuelve cotidiana, se racionaliza bajo el disfraz del "sentido común", mientras se reserva la indignación ética para el comportamiento ajeno.

Para entender por qué la gente empieza a estacionarse masivamente en las esquinas de la Zona Metropolitana de Monterrey, no basta con señalar la hipocresía individual. Es necesario analizar la estructura urbana que la produce. 

Monterrey ha operado históricamente bajo un modelo de prosperidad material acelerada y dependencia absoluta del automóvil. En muchas colonias residenciales trazadas hace tres o cuatro décadas, las casas fueron diseñadas con cochera para un solo vehículo. Hoy, en esos mismos hogares conviven dos, tres o cuatro adultos donde la deficiencia estructural del transporte público vuelve indispensable que cada integrante tenga su propio automóvil para movilizarse. La densidad de metales y llantas ha multiplicado el volumen original de las calles sin que estas hayan crecido un solo centímetro.

Es aquí donde el comportamiento urbano regiomontano conecta con el famoso experimento del "Universo 25", realizado por el etólogo John B. Calhoun. En dicho estudio, Calhoun creó un entorno idílico para ratones: comida y agua ilimitadas, clima perfecto y ausencia de depredadores. No obstante, al sobrepasar cierto umbral de densidad poblacional y agotarse el espacio social sin una estructura que permitiera la convivencia ordenada, la micro-sociedad colapsó. Surgió lo que Calhoun denominó el sumidero conductual: las labores de cuidado se abandonaron, la agresividad sin sentido se disparó y aparecieron conductas completamente apáticas y desvinculadas de la comunidad. El "paraíso" de abundancia material terminó en una degradación social absoluta.

El entorno metropolitano de Monterrey muestra síntomas inquietantes de su propio "sumidero conductual". Gozamos de dinamismo económico y consumo, pero vivimos en un entorno urbano estresado donde los servicios públicos, la vialidad y los espacios comunes han sido desbordados por el hacinamiento vehicular y la saturación inmobiliaria. La fricción constante en el tráfico, las disputas por el espacio frente a las casas y la privatización informal de la vía pública son los equivalentes regios a los comportamientos anómalos observados en el experimento de Calhoun.

Cuando el espacio público se encoge y la infraestructura no acompaña al crecimiento, el orden social no se destruye de la noche a la mañana mediante una gran crisis; se erosiona lentamente en los pequeños detalles. Comienza cuando la norma compartida cede ante la necesidad individual, redefiniendo la falta de civismo como "sentido común". La costumbre de estacionarse en la esquina, la agresividad al volante o el cerramiento ilegal de calles comunitarias no son simples fallas de educación individual: son los síntomas de un ecosistema urbano sofocado que, al carecer de una planificación cívica adecuada, empuja a sus habitantes a la degradación de la convivencia y al paulatino colapso de su calidad de vida.

Héctor Germán Oesterheld y El Eternauta

El rol cultural de Oesterheld y el significado de su obra han sido objeto de un intenso debate intelectual que va desde la la crítica político-literaria hasta elevación mítica. El Eternauta funciona como un palimpsesto donde se superponen la ciencia ficción urbana, el viaje en el tiempo, la alegoría del poder y la tragedia histórica. En su capa exterior, la obra relata una invasión alienígena en las calles de Buenos Aires. En su capa metanarrativa, la historia se repliega sobre sí misma cuando Juan Salvo, un viajero atrapado en un bucle temporal, se le aparece al propio guionista, Héctor Germán Oesterheld, para contarle los hechos. Finalmente, en su estrato más profundo y doloroso, la ficción dialoga con la tragedia real de su autor, secuestrado y desaparecido por la dictadura militar argentina en 1977 tras sufrir el asesinato de sus cuatro hijas y ser sometido a la tortura de ver las fotografías de sus cadáveres exhibidas por sus captores.

Juan Sasturain, en ensayos como El Aventurador, posiciona a Oesterheld como el creador del relato mítico más importante del siglo XX en Argentina. Para Sasturain, la gran innovación de Oesterheld es el "héroe colectivo": en lugar del superhéroe mesiánico anglosajón, la resistencia la encabeza un grupo de vecinos comunes (un profesor, un tornero, un jubilado) que se convierten en héroes a través de la solidaridad en la acción.

Sasturain elevó la historieta de Oesterheld a la categoría de alta cultura y rescató el valor ético de "poner el cuerpo", argumentando que tener una aventura no es un entretenimiento irresponsable, sino la decisión consciente de asumir la responsabilidad sobre el propio destino. Sin embargo, tiende a la hagiografía. Al superponer de forma indivisible la calidad literaria de Oesterheld con su trágico martirio político, su lectura dificulta la crítica objetiva de sus textos y fomenta una visión teleológica que interpreta toda su obra temprana únicamente como un presagio de su futura militancia.

Desde la crítica especializada en ciencia ficción, Pablo Capanna analiza el mérito de Oesterheld en su capacidad para aclimatar las estructuras de la literatura anglosajona (como las de H.G. Wells o Robert A. Heinlein) al entorno rioplatense, reemplazando el escenario imperialista estadounidense por la geografía cotidiana de Buenos Aires. Desmitifica la obra y la restituye a su contexto original de 1957, valorando su eficacia narrativa y su dimensión de entretenimiento popular sin la necesidad de forzar lecturas políticas contemporáneas. Su perspectiva, centrada primordialmente en los valores formales del género, minimiza la densidad ideológica y las tensiones sociales que germinaban en el relato original y que más tarde redefinirían la cultura argentina.

Diversos analistas culturales y críticos literarios cuestionan la evolución del rol de Oesterheld durante los años 70. En El Eternauta II (1976), escrito en la clandestinidad militante dentro de la organización Montoneros, el "héroe colectivo" humanista de 1957 muta en una vanguardia militarizada donde Juan Salvo se convierte en un líder dispuesto a sacrificar las vidas de sus propios compañeros en función de un fin superior. La fractura ideológica del autor, visibilizando cómo el dogmatismo político de la época desgastó la empatía y el sentido comunitario que hacían única a la primera parte de la obra. Se corre el riesgo de juzgar la obra de manera descontextualizada, ignorando que la radicalización del texto fue la respuesta desesperada de un autor que escribía bajo la violencia explícita del Terrorismo de Estado y la inminencia de su propia destrucción.

En su dimensión alegórica, la estructura del enemigo en *El Eternauta* refleja las trampas del poder autoritario. El poder no opera de forma directa, sino mediante capas de alienación: los Hombres-Robot (ciudadanos despojados de voluntad), los Cascarudos y los Manos (seres sensibles extorsionados a través del miedo), todos instrumentalizados por "Los Ellos", una entidad difusa que encarna el poder por el poder mismo. Esta metáfora demuestra que la mayor crueldad del absolutismo consiste en hacer que los oprimidos se destruyan entre sí.

Así, entre la reivindicación de Sasturain, el rigor de Capanna y las advertencias sobre su deriva ideológica, la figura de Oesterheld permanece en el centro de la cultura hispanoamericana como el testimonio trágico de un creador que entendió la literatura como un compromiso ético ineludible.

Este documental recorre la vida, el legado literario y el trágico destino personal del guionista argentino **Héctor Germán Oesterheld (HGO)**, relacionando su trayectoria vital con el nacimiento y evolución de su obra más emblemática: El Eternauta. Nacido en 1919, Oesterheld estudió Geología, pero su verdadera pasión fue la escritura. Comenzó escribiendo cuentos infantiles y dio el salto a la historieta en 1952 con Bull Rocket y Sargento Kirk, convencido de que la historieta podía ser un vehículo cultural digno y reflexivo para la juventud.

Ante los condicionamientos del mercado editorial tradicional, fundó junto a su hermano la Editorial Frontera en 1954 para crear revistas emblemáticas como Frontera y Hora Cero, caracterizadas por un mayor respeto hacia los autores e ilustradores.

Junto al dibujante Francisco Solano López, Oesterheld creó una invasión alienígena ambientada en Buenos Aires (la cancha de River, la Av. General Paz, la Plaza de los Dos Congresos) con modismos y costumbres locales. Rompió con el modelo del héroe individual estadounidense introduciendo la figura del héroe colectivo.

En 1969 con Alberto Breccia en la revista Gente trata una versión experimental de El Eternauta II, y nuevamante en 1976 en la revista Scorpio, escrita desde la clandestinidad.

El documental incluye el testimonio de su viuda, Elsa Sánchez, quien relata la incorporación de Oesterheld y sus cuatro hijas (Estela, Diana, Beatriz y Marina) a la organización Montoneros durante los años 70. En 1977, Oesterheld fue secuestrado por la dictadura cívico-militar junto a sus cuatro hijas, sus yernos y nietos, convirtiéndose en uno de los casos más dolorosos de la represión ilegal en Argentina.

Este video corresponde a un episodio del programa Continuará... (emitido por Canal Encuentro y conducido por Juan Sasturain), dedicado al análisis de la obra cumbre de la historieta argentina: ***El Eternauta***, creada por Héctor Germán Oesterheld (HGO) y dibujada por Francisco Solano López.

El 4 de septiembre de 1957 debutó El Eternauta en el primer número de la revista Hora Cero Semanal. Debido al impacto de este lanzamiento, esa fecha fue declarada en Argentina como el Día Nacional de la Historieta.

Solano López recuerda haber conocido a Oesterheld en la Editorial Abril a principios de los años 50, colaborando posteriormente en la fundación de Editorial Frontera con obras como Rolo el marciano adoptivo y Joe Zonda. Explica cómo dibujó de memoria la casa real de Oesterheld y por qué le dio al personaje del guionista ("Germán") un rostro neutro, dado que Hugo Pratt ya había usado los rasgos reales de Oesterheld para el personaje de Ernie Pike. Recibía tres páginas semanales manuscritas por Oesterheld. Los guiones eran concisos pero precisos, lo que le daba libertad para interpretar y componer visualmente las secuencias. Destaca que la gran originalidad de El Eternauta residió en trasladar una invasión extraterrestre a las calles de Buenos Aires, rompiendo con la tradición del cine B y la literatura norteamericana que siempre situaba la acción en Nueva York o en el medio oeste de Estados Unidos. Menciona la influencia de la revista Más Allá, la novela The Puppet Masters de Robert A. Heinlein y el cuento Saturnino Fernández, héroe. Resalta cómo Oesterheld tomó los tropos clásicos de la ciencia ficción de la Guerra Fría para darles un matiz social, político e idiolecto profundamente argentino.

Este video corresponde a la segunda parte de la entrega del programa Continuará... (emitido por Canal Encuentro y conducido por Juan Sasturain), dedicada a profundizar en la dimensión literaria, el diseño de personajes y la memoria histórica en torno a El Eternauta. Se destaca la doble faceta de H. G. Oesterheld como geólogo (curiosidad técnica y científica) y como lector voraz en inglés de autores clásicos de la literatura de aventuras como Joseph Conrad, Jack London, Rudyard Kipling y Robert Louis Stevenson. Su obra cruza preguntas metafísicas sobre el tiempo y el espacio con dilemas éticos profundos: la responsabilidad individual, la libertad, el destino y la relación con el prójimo.

Francisco Solano López explica que dibujó rubio deliberadamente a Juan Salvo —pese a no ser el rasgo más común en Argentina— para darle un toque distintivo e inquietante inspirado en las películas de ciencia ficción de clase B estadounidenses. Favalli, diseñado como el profesor e intelectual, tenía una contextura física fuerte y mesurada que transmitía seguridad y servía de guía al grupo. Polanski representa al inmigrante o descendiente de Europa central, mientras que Lucas Herbert (empleado de banco calvo) encarna al tipo urbano y oficinista. Juntos componen un mosaico representativo de la sociedad porteña de la época.

Juan Sasturain resalta que para Oesterheld la aventura es una circunstancia límite que transforma a hombres comunes en héroes. A diferencia del cómic estadounidense donde predomina el superhéroe individual, en *El Eternauta* el héroe es **colectivo**: es el grupo de amigos, vecinos y camaradas que se organizan para resistir juntos.

Martín Mórtola Oesterheld (hijo de una de las cuatro hijas desaparecidas del guionista) reflexiona sobre la delgada línea entre la lectura infantil de la historieta y la trágica historia familiar real. Comparte cómo descubrió con los años que el recuerdo borroso de haber visto a su abuelo a los tres años y medio no era una ficción, sino la realidad de haber sido la última persona de la familia en estar con Héctor Germán Oesterheld mientras este se encontraba secuestrado en un centro clandestino de detención durante la dictadura militar.

En este video de la editorial Ediciones Aquilina, el escritor y periodista argentino Juan Sasturain reflexiona sobre su libro, El Aventurador, enfocado en la figura y obra de Héctor Germán Oesterheld (HGO), creador de El Eternauta.

Sasturain relata cómo las lecturas de historietas a finales de la década de 1950 marcaron a toda una generación de lectores y futuros narradores en Argentina. Analiza cómo el trágico destino personal de Oesterheld —su militancia revolucionaria y su posterior desaparición a manos de la última dictadura militar junto a sus cuatro hijas — dimensionó la figura del autor al punto de convertirlo en un mito. Señala que este mito a menudo "se comió" la riqueza y diversidad de toda su producción historietística, reduciéndola únicamente a El Eternauta

Cuestiona la lectura simplista que califica a El Eternauta como una obra puramente premonitoria de la tragedia argentina. Aclara que Oesterheld no fue asesinado por lo que escribió en sus historietas, sino por su militancia política, y que reducir su obra a una mera profecía empobrece la complejidad de su genio narrativo.

Sasturain destaca el período creativo más prolífico de Oesterheld (1950-1962 en Editorial Frontera y sus colaboraciones con ilustradores icónicos como Alberto Breccia, Hugo Pratt y Francisco Solano López). Subraya que, en una época previa a la masificación de la televisión, la historieta ocupaba un rol central en el sistema cultural y narrativo para la juventud.

El Estado terrorista asesina inocentes para que se entienda que no hay inocentes, todos son culpables
José Pablo Feinmann

Este episodio del programa Filosofía Aquí y Ahora (de la serie de especiales conducidos por el filósofo y ensayista argentino José Pablo Feinmann), analiza la figura de Héctor Germán Oesterheld desde dos vértices: la educación sentimental de una generación a través de la historieta y la trágica consumación de su compromiso político durante la dictadura militar.

Feinmann recupera la categoría propuesta por Oscar Masotta para dignificar a la historieta y repasa el impacto cultural de Oesterheld en autores e intelectuales que crecieron en los años 50 (como Fontanarrosa, Trillo, Sasturain o Saccomanno). Destaca la creación de Bull Rocket y El Sargento Kirk (junto a Hugo Pratt), subrayando el hito de Kirk como un desertor del ejército que se pasa "al lado de los indios" , anticipándose por décadas a revisionismos del género en Estados Unidos. Explica que la máxima ética de Oesterheld ("prefiero al héroe en grupo antes que al héroe solitario") articula toda su producción. Esta dinámica colectiva se consolida tras la fundación de Editorial Frontera y las revistas Frontera y Hora Cero. Examina el arranque de la obra maestra con la partida de truco en la buhardilla y la llegada de la "nevada de la muerte". Feinmann reflexiona sobre cómo los niños que leyeron estas aventuras en los años 50 se convirtieron en los jóvenes militantes de la década de 1970. Analiza el cambio de tono en El Eternauta II (1976), donde la influencia de la militancia revolucionaria conduce al dilema ético en el que Juan Salvo opta por salvar a un pueblo sacrificando a su propia familia. Feinmann discute los riesgos de las vanguardias políticas cuando se desconectan de la realidad social y adoptan una posición de exterioridad dogmática. Reconstruye la dimensión más dolorosa de la represión ilegal: el secuestro y desaparición de Oesterheld, el asesinato de sus cuatro hijas y la perversidad psicológica de sus captores. El programa concluye con una sentida dedicatoria a Elsa Sánchez de Oesterheld por su entereza frente a la tragedia y un reconocimiento al valor universal de la obra de HGO.

lunes, 24 de agosto de 2026

Los indomables de Antonio Estrada

Acercarse a la obra de Antonio Estrada después del monumento literario que representa Rescoldo (1961) resulta complicado, en parte porque sus libros son difíciles de conseguir, pero también porque su corpus literario es dolorosamente breve. Para comprender esta escasez, así como la naturaleza fragmentaria de sus obras póstumas, es indispensable abandonar la crítica de escritorio y adentrarse en la sociología literaria: Estrada fue un hombre empujado a los márgenes, limitado no por su talento, sino por una feroz integridad moral, artística y política que le cerró las puertas del canon oficial.

Los indomables es el testimonio vivo e interrumpido de un proyecto literario mayor —el "Tríptico Duranguense"—, que devela tanto la violencia estructural del México rural como el altísimo costo de ser un intelectual disidente en la época dorada del autoritarismo priista.

Antes de juzgar el valor literario de sus textos, debemos dimensionar la figura de Antonio Estrada como intelectual militante. A diferencia de los escritores cooptados por el mecenazgo del Estado revolucionario, Estrada escribió desde la orfandad institucional. Su literatura está indisolublemente ligada a su biografía: hijo de un coronel cristero fusilado en la sierra, periodista perseguido, militante del Sinarquismo (del cual terminó desencantado al percibir sus derivas totalitarias) y activista del movimiento democrático navista en San Luis Potosí.

Esta trayectoria lo convirtió en un paria cultural. El régimen que destruyó su libro-reportaje La grieta en el yugo (1963) era el mismo que dominaba las editoriales y los suplementos culturales. Su marginalidad fue la consecuencia directa de negarse a claudicar frente al sistema. La muerte lo sorprendió de un infarto en 1968, a los cuarenta años, cuando apenas comenzaba a estabilizarse económicamente para dedicarse de lleno a la escritura. Así, Estrada dejó inconclusa una ambiciosa trilogía narrativa sobre la sierra duranguense, compuesta por Rescoldo, La sed junto al río y Los indomables. Su obra es breve porque la auténtica disidencia en México consume la vida misma.

Las páginas de Los indomables ofrecen una experiencia desconcertante, difícil de seguir e inconsistente. En marcado contraste con la impecable arquitectura narrativa de Rescoldo —elogiada por Juan Rulfo como una de las mejores novelas del siglo XX—, la lectura de Los indomables provoca la sensación de estar ante un texto dislocado. Hay brincos en las secuencias, variaciones abruptas en la voz narrativa y aparentes inconsistencias estructurales.

La crítica literaria e historiográfica, respaldada por el trabajo del investigador Antonio Avitia Hernández —quien rescató y compiló estos textos bajo el título de Narrativa Póstuma—, coincide en una premisa fundamental: no estamos leyendo una novela terminada, sino el borrador vivo de un proyecto mutilado por la muerte.

Al fallecer prematuramente, el manuscrito quedó tal como Estrada lo dejó en su mesa de trabajo: un conjunto de pasajes desprovistos de la corrección de estilo, la criba severa y la labor de ensamblaje que el autor aplicaba religiosamente a sus textos antes de la imprenta. La obra es la radiografía de un proceso creativo interrumpido.

Gran parte de la dislocación secuencial que se percibe se debe a un choque de géneros. Estrada no solo era un novelista, sino un observador agudo del tejido social. En Los indomables, combinaba el relato de ficción con la recopilación directa de las tradiciones orales de las etnias de la sierra de Durango (particularmente tepehuanes y coras).

Al no haber alcanzado la etapa de integración narrativa, el texto oscila sin previo aviso entre el cuaderno de campo antropológico y la prosa de ficción. Pese a estos baches de continuidad, el valor de la obra es incalculable en dos frentes clave:

Testimonio etnolingüístico:
La obra constituye un rescate brillante del habla popular serrana. Estrada plasma arcaísmos, indigenismos y giros propios del Mezquital, retratando la cosmogonía indígena con una fidelidad que elude el folclorismo de cartón o la lástima paternalista, tan comunes en la literatura indigenista oficial de su época.
Registro histórico sin maniqueísmos:
El autor dibuja la complejidad social de las guerras de resistencia indígena y los resabios de la "Segunda Cristiada", ofreciendo una mirada polifónica a los conflictos rurales del Durango posrevolucionario.

Más allá de su estado de terminación, Los indomables subraya el tema central que unifica el tríptico duranguense de Estrada: la violencia intrínseca de la cultura rural mexicana.

Estrada nos despoja de cualquier visión romántica del campo. En su narrativa, la violencia no solo emana del Estado opresor o del cacique (aunque son actores fundamentales); la violencia está enraizada en las dinámicas de supervivencia, en la hostilidad de la geografía, en la pobreza extrema, en el despojo de tierras y en el choque cultural entre etnias y mestizos. Es una violencia estructural, atmosférica, de la cual sus personajes, trágica y estoicamente, no pueden escapar.

En conclusión, asomarse a Los indomables es entrar a la "cocina literaria" de uno de los narradores más singulares y menospreciados de nuestras letras. En sus imperfecciones e hilvanes sueltos radica su mayor atractivo: es un espejo astillado que refleja, con absoluta brutalidad, la obra de un genio que el Estado silenció, pero que la literatura se niega a olvidar.

martes, 18 de agosto de 2026

Antonio Estrada Muñoz

El Estado mexicano que se consolida en el siglo XX es la síntesis dialéctica de los pactos cupulares de la «pandilla revolucionaria» y de los escombros de las disidencias aplastadas. En 1929, Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR, abuelo del PRI), institucionalizando la llamada "familia revolucionaria". Los caudillos sobrevivientes dejarán de asesinarse entre sí para repartirse el poder pacíficamente mediante la institucionalización del control monopólico político y militar. Ese mismo año, el gobierno aniquiló cualquier proyecto alternativo de nación: aplastó militarmente la Rebelión Escobarista y reprimió con violencia el movimiento civil democrático del Vasconcelismo.

En este contexto, el movimiento cristero, lejos de desaparecer con los Arreglos de 1929, fue mutando la resistencia del campesinado católico frente a la persecución gubernamental y el abandono clerical: transitó de la insurrección armada a un activismo político militante y terminó, en muchos de sus sectores originarios, relegado a una profunda marginalidad.

A partir de la década de 1940, especialmente durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho (quien declaró públicamente: "Soy creyente"), el Estado mexicano y la Iglesia católica llegaron a un acuerdo tácito. En la Constitución, los artículos anticlericales radicales seguían intactos; legalmente, la Iglesia carecía de derechos. Sin embargo, en la práctica, el gobierno hizo la concesión de "hacerse de la vista gorda", permitiendo la educación religiosa privada y el culto abierto. A cambio de esta supervivencia institucional, la jerarquía católica se comprometió a desmovilizar cualquier insurgencia cristera y a legitimar al PRI como partido hegemónico.

La cúpula pactó su comodidad mientras las bases campesinas de regiones como Los Altos de Jalisco, Michoacán y Guanajuato fueron sometidas a una marginalidad deliberada. El Estado retrasó el reparto agrario, desvió la infraestructura y mantuvo un cerco militar que empujó a muchos excombatientes a la pobreza extrema o al exilio migratorio.

Para entender la complejidad de la Cristiada, el caso de San Luis Potosí es fundamental. A diferencia de otros estados donde operaba el Ejército Federal, allí el gobierno delegó el combate al general Saturnino Cedillo, el cacique indiscutible de la región. Cedillo utilizó a sus propias milicias "agraristas" (campesinos a quienes se les había prometido tierra) para combatir a los cristeros. Fue una guerra fratricida: campesinos pobres matando a otros campesinos pobres.

La gran ironía histórica es que Cedillo era profundamente católico. Permitía a sus soldados llevar imágenes de la Virgen de Guadalupe y toleraba el culto clandestino. Su combate no nacía de un odio jacobino, sino de un pragmatismo territorial: no podía permitir que otra fuerza armada desafiara su control. No obstante, el mismo Estado centralista que lo usó para pacificar la región terminó viéndolo como una amenaza. En 1938, Cedillo se levantó en armas defendiendo su autonomía y fue acribillado en la sierra, compartiendo el destino de aniquilación de los líderes cristeros a los que él mismo había combatido.

Esta vocación represiva del Estado tuvo un altísimo costo humano, encarnado a la perfección en la familia Estrada, originaria de Durango. Su trayectoria vital documenta una línea de continuidad histórica innegable en la disidencia católica, comenzando por el coronel Florencio Estrada, un ranchero alegre y valeroso de Huazamota, quien se negó a aceptar los Arreglos de 1929, sentenciando: "Mi compromiso no es con el Estado ni con la Iglesia, es con Nuestro Señor". Así, volvió a tomar las armas en lo que se conoce como la «Segunda Cristiada». Huyó a la sierra del Mezquital con su mujer, Dolores Muñoz, sus cuatro hijos pequeños —entre ellos Antonio, de apenas siete años— y un puñado de hombres. Ya no eran un ejército estructurado, sino irreductibles asediados sin balas ni comida. A su lucha se unieron coras, huicholes, tepehuanes y mexicaneros que peleaban porque el gobierno les había despojado de sus bosques, conformando una alianza campesina-indígena.

El centro moral de esta resistencia fue Dolores Muñoz. Aunque al inicio se resistía a irse a "La Bola", ya que era miembro de una familia caciquil pro gobierno, sobrevivió a la pérdida de una hija por un embarazo mal atendido en la sierra, a los intentos de asesinato de sus propios hermanos (caciques gobiernistas) y a un infarto. Aun así, era ella quien animaba a Florencio a no rendirse.

El desenlace llegó en el verano de 1936. Florencio fue traicionado por un compadre, cercado por federales y por sus cuñados, los Muñoz. Tras ser fusilado y su cuerpo vejado, Dolores huyó a la Ciudad de México, donde mantuvo a sus hijos trabajando como sirvienta y logró ingresarlos al orfanato para cristeros de La Divina Infantita, en Mixcoac.

Aquel niño sobreviviente, Antonio Estrada Muñoz (nacido en 1927), heredó la lucha de su padre, pero comprendió que la resistencia armada había llegado a un callejón sin salida. Cambió el fusil por la pluma y la calle. Tras formarse en el Seminario Conciliar de León y en la Escuela de Periodismo Carlos Septién, se integró a la militancia cívica dentro de la Unión Nacional Sinarquista (UNS).

Sin embargo, su paso por el Sinarquismo no culminó en una obediencia ciega, sino en una profunda decepción moral. Históricamente, el movimiento sinarquista sufrió graves fracturas internas. Antonio Estrada terminó distanciándose y confrontando a los líderes de la cúpula al advertir que el movimiento se estaba desviando hacia actitudes abiertamente fascistas. Estrada, un idealista democrático, rechazó la adopción del modelo totalitario, el falangismo, la intolerancia sectaria y el culto incondicional a la "Jefatura" que los nuevos líderes exigían. Para él, esta radicalización autoritaria traicionaba el espíritu original y legítimo del campesinado católico.

Esta ruptura ideológica explica por qué Estrada decidió abandonar las filas del dogmatismo de ultraderecha para sumar su pluma al movimiento del doctor Salvador Nava en San Luis Potosí entre 1961 y 1962. El Navismo representaba todo lo que la cúpula sinarquista había dejado de ser: una lucha cívica, verdaderamente democrática y antiautoritaria. Como parte de este movimiento contra el brutal cacicazgo de Gonzalo N. Santos, Estrada publicó en 1963 su libro-reportaje La grieta en el yugo. La obra fue confiscada y destruida casi de inmediato por el régimen, desatando una persecución a muerte en su contra.

Su transición ilustra la tragedia del disidente puro en México: atrapado entre dos autoritarismos. Por un lado, se topó con la maquinaria represiva del Estado, que operó en San Luis Potosí como un ensayo general de los eventos de 1968, demostrando décadas antes de Tlatelolco que su vocación violenta aplastaba todo lo que no podía cooptar. Por el otro lado, enfrentó la traición de su propio bando.

Al mismo tiempo que el Estado reprimía las plazas, la jerarquía eclesiástica asestó el golpe final. Consideró a los movimientos populares de base un blanco fácil y les retiró su apoyo, prefiriendo cobijarse bajo el pragmatismo del Partido Acción Nacional (PAN), de perfil urbano y empresarial. Privada de respaldo institucional, y purgada de las voces democráticas como la de Estrada, la base social cristera se fracturó definitivamente. El movimiento de masas se diluyó en un sectarismo radicalizado que dio origen a sociedades secretas de extrema derecha como "El Yunque". La disidencia, aplastada por el gobierno y secuestrada por el fascismo en la sombra, terminó pudriéndose en la marginalidad.

Los estudios sobre la derecha en México del historiador Jean Meyer (quien documenta las purgas y divisiones dentro del Sinarquismo entre la facción democrática y la facción fascista/falangista de Salvador Abascal), así como los trabajos historiográficos sobre el Movimiento Navista en San Luis Potosí, los cuales destacan cómo católicos democráticos y ex-sinarquistas (como Estrada) encontraron en la lucha civil de Salvador Nava el antídoto contra el autoritarismo, tanto del PRI como de la extrema derecha.

Su transición ilustra la mutación del movimiento católico: de la guerrilla rural a la movilización de masas. Sin embargo, se topó con la misma maquinaria intolerante. El Estado reprimió el activismo cívico con la misma saña con la que combatió a los alzados en la sierra. Durante su estadía en San Luis Potosí entre 1961 y 1962, Antonio se sumó al movimiento cívico de Salvador Nava contra el cacique Gonzalo N. Santos. En 1963 publicó su libro-reportaje La grieta en el yunque (confiscado y destruido inmediatamente), lo que le valió una persecución a muerte.

La represión brutal contra estas manifestaciones cívicas operó como un ensayo general de los eventos de 1968. Décadas antes de Tlatelolco, el Estado ya disparaba contra campesinos y militantes en las plazas del Bajío, demostrando que su vocación violenta no distinguía ideologías: aplastaba todo lo que no podía cooptar.

Al mismo tiempo, la jerarquía eclesiástica asestó el golpe final. Consideró al Sinarquismo popular un blanco fácil para la represión y le retiró su apoyo, prefiriendo cobijarse bajo el pragmatismo del Partido Acción Nacional (PAN), de perfil urbano y empresarial. Privada de respaldo institucional, la base social cristera se fracturó. El movimiento de masas se diluyó en un sectarismo radicalizado que dio origen a sociedades secretas de extrema derecha como "El Yunque". La disidencia, aplastada y traicionada, se pudrió en la sombra.

La dolorosa transición de Antonio Estrada destiló en él una vocación literaria excepcional. Años después de su huida, Antonio regresó a la sierra a buscar la tumba de su padre; de esa herida nació su obra cumbre: Rescoldo. Los últimos cristeros (1961).

Cuando el libro se publicó, pasó desapercibido. El tema era un tabú para el régimen priista y el medio literario ignoraba a los autores católicos. Fue Juan Rulfo quien rompió el silencio. Aunque crítico de la "novela cristera" panfletaria, Rulfo quedó deslumbrado con Rescoldo y se convirtió en su principal promotor, afirmando sin titubeos que era "una de las cinco mejores novelas mexicanas del siglo XX". Académicos y críticos (como Jean Meyer, José Luis Martínez y Christopher Domínguez Michael) respaldaron esta visión.

Juan Rulfo vivió el conflicto desde el trauma periférico (su padre fue asesinado en Jalisco). Aborda la Cristiada desde la resaca de la violencia; en su obra, cristeros y federales son figuras espectrales marcadas por la fatalidad. Alcanza la genialidad universalizando la tragedia mediante el mito, transformando el habla rural en una voz atemporal.

Antonio Estrada escribe desde la entraña. Su novela es un testimonio autobiográfico puro, escrito en primera persona por el niño que lo vivió. Su genialidad radica en la crudeza de su realismo y su arraigo geográfico: la Sierra Madre Occidental es un verdugo de piedra y frío, con sus nevadas y su dieta de pinole y gorditas de cuajada, que asedia a los combatientes con alacranes . Estrada alcanza la excelencia literaria a través de la autenticidad sin florituras.

El lenguaje de Estrada también ha sido elogiado por la crítica gracias a su laconismo expresivo y sin juicios de valor moralizantes, pero su genialidad radica en la crudeza de su realismo y su arraigo geográfico. En la literatura de Estrada, descrita por académicos en Texas A&M International University Research, el entorno de la Sierra Madre Occidental de Durango deja de ser un simple decorado y se convierte en un personaje protagónico, un verdugo de piedra y frío que asedia a los combatientes tanto como lo hace el Ejército Federal.

Mientras que Rulfo alcanza la genialidad universalizando la tragedia rural mexicana mediante el mito y la fragmentación temporal, Estrada alcanza la excelencia literaria a través de la autenticidad. Críticos y académicos, como se reseña en la revista Animal Político, coinciden en que la narrativa de Estrada carece de florituras artificiales; es el fluir puro y duro de la vida humana al límite. Antonio Estrada escribe desde la entraña misma del conflicto.

Antonio pagó caro su idealismo. Casado con Dora Maldonado y padre de seis hijos, atravesó graves angustias económicas. Sobrevivió haciendo trabajos de corrección, como velador en una fábrica y empleado de tiendas Elektra. Apenas empezaba a estabilizarse económicamente como editor de una revista de la constructora ICA, cuando la muerte lo alcanzó de un infarto el 7 de abril de 1968. Tenía apenas cuarenta años.

sábado, 15 de agosto de 2026

A un siglo, la Cristiada ayer y hoy

En 2026 se cumplen cien años del inicio de la Guerra Cristera. Aunque por formalismo histórico se la considera una efeméride consumada, ni los agravios ni la vocación violenta de la historia mexicana empezaron en 1926, ni terminaron en 1941. El conflicto entre la Iglesia católica y el Estado laico se venía fraguando desde el siglo XIX, y esa inercia de violencia continúa hasta el presente con apenas breves remansos entre tormentas.

La Cristiada, lejos de ser un simple tema en los libros de texto, es un espejo incómodo de nuestro presente. A un siglo de distancia, México sigue tropezando con la intolerancia autoritaria y violenta de los poderes fácticos. Las verdaderas causas que encendieron la mecha en 1926 permanecen latentes, y la espiral de violencia que la acompañó sigue siendo, trágicamente, una constante no resuelta en nuestra realidad nacional.

La primera aproximación a un tema social complejo como la Cristiada —la más fácil de entender, convincente y emotiva— suele ser la maniquea: el autoritarismo irracional y caprichoso frente a la libertad religiosa de un pueblo noble. Sin embargo, aunque es debatible quién, si acaso, tiene la razón dentro del absurdo, siempre existen razones.

El debate sobre la libertad religiosa y la responsabilidad del Estado me recuerda un caso que presencié en Tennessee a finales del siglo XX. Una niña, de unos diez años, con leucemia, recibía tratamiento en el hospital universitario de la Universidad de Tennessee, Knoxville. El pastor familiar convenció a los padres de suspender el tratamiento, argumentando que la enfermedad era voluntad divina y que interferir era un pecado.

El hospital demandó a los padres para que siguieran atendiéndola y ganó temporalmente. El caso se volvió noticia nacional. Entonces, Jerry Falwell, un influyente teleevangelista, pagó a un equipo de abogados para defender la libertad religiosa de la familia y se suspendió el tratamiento de forma definitiva. Cuando la niña ya agonizaba, la llevaron de nuevo al hospital, pero era demasiado tarde y falleció. Su velorio duró días, pues el pastor les decía a los padres que, si rezaban con suficiente fe, la pequeña resucitaría.

El Estado no solo necesita el monopolio de la fuerza física (policía/ejército), sino también el de la "violencia simbólica". Pensadores como Althusser definen a la escuela como el principal aparato ideológico del Estado. Su función no es solo enseñar a leer o escribir, sino legitimar el orden establecido e inculcar la sumisión a las reglas del Estado, arrebatándole a la Iglesia el poder de dictar lo que es "bueno" o "malo" para la sociedad.

Émile Durkheim argumentó que a medida que las sociedades se modernizan y secularizan, necesitan un nuevo pegamento social. El Estado crea entonces una religión civil (término también explorado por Rousseau y Robert Bellah). Esta religión laica tiene sus propios "santos" (héroes patrios), "días sagrados" (efemérides), "cánticos" (himnos) y "reliquias" (banderas). La escuela es el templo donde se ofician estos rituales cívicos diarios para crear devoción al Estado.

Desde la sociología histórica, Ernest Gellner explica que el Estado moderno y la sociedad industrial requerían ciudadanos estandarizados (con un mismo idioma, valores y lealtades) para funcionar. La educación pública, laica y obligatoria fue la herramienta para crear estas "comunidades imaginadas" (término de Anderson). El Estado no socava a la Iglesia por pura malicia, sino porque no puede permitir que sus ciudadanos tengan una lealtad superior al Papa o a Dios cuando necesita que respondan a la Constitución, paguen impuestos y vayan a la guerra por la República.

El historiador por antonomasia del conflicto cristero es Jean Meyer, a quien prácticamente se le adjudica la aceptación académica e internacional del término "Cristiada". En su monumental obra, Meyer se muestra empático hacia el campesinado cristero, logrando comprender su cosmovisión sin asumir necesariamente una postura apologética de la jerarquía católica. La Cristiada (1973), de Jean Meyer. Es la obra cumbre en tres tomos que documenta el conflicto desde las bases campesinas, respaldando la idea de la "Segunda" como defensa ante el exterminio.

Algunos historiadores critican a Meyer argumentando que su empatía llega a romantizar el movimiento cristero. Desde una visión más crítica de la Iglesia, se argumenta que el campesinado, aunque valiente, fue instrumentalizado por una jerarquía eclesiástica reaccionaria que buscaba mantener sus privilegios feudales, y por terratenientes que se oponían al reparto agrario de la Revolución.

Hay que diferenciar entre las dinámicas de la primera Cristiada (1926-1929) y "La Segunda" (1932-1938). Esta última, más que un levantamiento religioso unificado, fue en gran medida una acción de legítima defensa frente a la traición del Estado. Tras los "Arreglos" de 1929, el gobierno violó sistemáticamente la amnistía pactada, dedicándose a cazar y asesinar a los líderes cristeros desmovilizados, pues el régimen naciente no podía tolerar la existencia de una oposición popular con capacidad de organización y fuerza militar.

Décadas más tarde, esta tragedia rural fue rescatada por el cineasta Matías Meyer (hijo de Jean Meyer) basado en Rescoldo, los últimos cristeros (1961), novela testimonial de Antonio Estrada —hijo de un coronel cristero— para crear un auténtico poema visual que documenta la brutalidad del ejército federal contra los reductos cristeros en Durango.

Aunque la cacería de líderes fue real y documentada, la "Segunda" no fue solo supervivencia. Otros historiadores señalan que también estuvo fuertemente motivada por el rechazo radical a la implementación de la educación socialista de Lázaro Cárdenas. En este periodo, algunos grupos cristeros cometieron actos de terrorismo local, como cortar orejas a maestros rurales o quemar escuelas públicas, lo que complica la narrativa de que fueron víctimas pasivas.

Analizada desde el presente, la historia trágica de esta "Segunda Cristiada" rima dolorosamente con episodios contemporáneos, como el destino de Hipólito Mora y el movimiento de autodefensas en Michoacán. En ambos casos observamos el mismo patrón: ciudadanos rurales que se levantan en armas para defender su vida y sus comunidades, que son posteriormente desarmados bajo promesas oficiales, y que terminan siendo traicionados, criminalizados y acribillados por un Estado —ya sea el régimen autoritario del siglo XX o el narcoestado del siglo XXI— que no tolera la disidencia armada, pero que tampoco garantiza la paz. Por otro lado, aunque la rima poética y la traición estatal son innegables, los contextos estructurales difieren. Los cristeros se enfrentaban a un Estado moderno en consolidación que quería imponer un monopolio ideológico e institucional (exceso de Estado). Por el contrario, las autodefensas de Hipólito Mora surgieron ante un vacío de poder estatal frente al crimen organizado (ausencia o complicidad del Estado).

 

El 29 de junio de 2023, horas después de que Mora y sus escoltas fueran acribillados en una emboscada en La Ruana (Felipe Carrillo Puerto), Michoacán, sus allegados dieron a conocer un último mensaje, donde el fundador de las autodefensas dejaba claro que estaba consciente de que su final era inminente debido a las amenazas y a los atentados previos a los que había sobrevivido. La esencia de su mensaje era un llamado a la resistencia y un reclamo a las autoridades. Las palabras que dejó para la posteridad fueron:

Lo dije en muchas ocasiones, sabía que este día llegaría, lo dije: me voy a morir peleando. Solo no quiero que mi muerte sea en vano.Que los michoacanos, que todos presumimos bravura, seamos valientes una vez y acabemos con este mal que nos tiene en el suelo, que los policías vean que tienen la fuerza para acabar con esto, que el gobierno el que este al momento de mi muerte se fije en los ciudadanos antes que en sus campañas o en sus bolsillos.Yo nunca acepté sobornos ni intimidaciones, luché sin recibir nada a cambio más que el cariño de la gente, los que no me querían eran los chicos malos, yo ya estaré con mi hijo Manolo y le diré a la muerte "donde estabas, por qué me huías tanto".Que mi muerte no sea en vano y tanto mi familia, como mis amigos y mis fieles seguidores hagan lo que tengan que hacer para que la lucha que yo empecé siga siendo por una causa justa para los ciudadanos.Aquí y en el otro mundo soy y seguiré siendo Hipólito Mora.

En su análisis sobre el centenario de la Guerra Cristera, el historiador José Manuel Villalpando define este conflicto como una mancha trágica y vergonzosa en la historia de México. Para él, la guerra fue, en esencia, un choque de fanatismos: por un lado, el radicalismo totalitario y jacobino del gobierno de Plutarco Elías Calles; por el otro, la intransigencia de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Esta severa polarización dejó un saldo devastador de casi 250,000 muertos.

Villalpando aprovecha para desmentir un mito histórico muy común hoy en día: no fue el Estado mexicano el que clausuró los templos y suspendió el culto público. En realidad, fue una orden directa de la propia jerarquía de la Iglesia católica, utilizada como una medida de protesta y rebelión política.

Además, el conflicto estuvo plagado de ironías. Por ejemplo, el ejército cristero contrató como su líder a Enrique Gorostieta, un general de convicciones liberales y masónicas. Como contraparte, el encargado de aniquilarlos por parte del gobierno fue el general Joaquín Amaro, otro masón que, paradójicamente, terminó convirtiéndose en un ferviente católico años después.

El desenlace de la guerra trajo consigo lo que el historiador considera un abandono imperdonable. En 1929, los obispos mexicanos negociaron la paz con el gobierno del presidente Emilio Portes Gil y aceptaron someterse a las leyes del país. Sin embargo, al hacerlo, traicionaron y dejaron a su suerte a los miles de combatientes cristeros que seguían arriesgando la vida en el campo de batalla.

Finalmente, frente a la ligereza con la que a menudo se debate este tema en la actualidad, Villalpando hace un llamado a estudiar el periodo con rigor y recomienda cuatro fuentes fundamentales:

  • La Cristiada, de Jean Meyer (considerada la obra definitiva sobre el tema, dividida en tres tomos). 
  •  Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929, de Alicia Olivera Sedano (el primer estudio histórico serio sobre el periodo). 
  •  Matar y morir por Cristo Rey, de Fernando M. González. 
  •  Las entrevistas de historia oral de James Wilkie, que recogen testimonios de sobrevivientes cristeros y actores clave de la época, como el propio Portes Gil.

jueves, 4 de junio de 2026

Me acuerdo

Me acuerdo de que, de niño, iba a judo, pero era un fraude. 

Me acuerdo de que dos más dos a veces no son cuatro. 

Me acuerdo de que Justino no es Salvador Dalí, pero dos huevos fritos son dos soles. 

Me acuerdo de que la escuela israelita estaba en una esquina y no era muy grande; ocupaba menos de una cuadra. 

Me acuerdo de que el primer libro que compré fue un volumen de las obras completas de Julio Verne, y de que venía con una historia de viajes. 

Me acuerdo de que papá pensaba que estudiar computación era una tontería. 

Me acuerdo de que la Prepa 2 Anexa no era ni anexa ni Prepa 2. 

Me acuerdo de que estudiaba ajedrez, pero siempre fui un mal jugador. 

Me acuerdo de que, cuando llegué a Knoxville la primera vez, la neblina en las montañas era peligrosamente densa. 

Me acuerdo de que la escuela me aburría, pero tampoco era un estudiante sobresaliente.








domingo, 18 de mayo de 2025

Opiniones

"Los palestinos son bestias humanas, no personas"
— Yisrael Katz, ministro israelí de Energía (2023).
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Every time anyone says that Israel is our only friend in the Middle East, I can't help but think that before Israel, we had no enemies in the Middle East.
John Sheehan, S. J.
The Journal of Historical Review, march/April 2002 (vol. 21, No. 2), page 34
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Sadly, even in our own circles, the mold for shaping public opinion lies in the hands of the state of Israel.”
Rabbi Yaakov Shapiro
The Empty Wagon

THE ZIONISTS do not want to shmad the Jews in order to create a state; they want to create a state in order to shmad the Jews.
— Rav Chaim Soloveichik, zt”l
THOSE WHO SUPPORT THE ZIONIST MOVEMENT … are supporting anti-Semites. … If Jews do not believe the predictions of the prophets, and the Oaths that forbid us to immigrate en masse to the land of our fathers … let them at least pay heed to all that Herzl and his colleagues have written against the Jews.
— Rav Eliezer Gordon, zt”l
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Según el American Jewish Year Book de 1940, la población judía era aproximadamente de 16.6 millones de judíos en el mundo. En la actualidad (2023), según Instituto de Planificación de Políticas del Pueblo Judío) hay aproximadamente 15. 7 millones de judíos en el mundo. Es verdad que la población judía global no ha recuperado los niveles previos a la Shoá, a pesar del crecimiento en Israel (7 millones) y Estados Unidos (6 millones). ¿Pero eso qué tiene que ver con la situación en Palestina?

El Holocausto y el semitismo subyacente, que persiste y es exacerbado por la existencia de Israel, fue realizado por europeos contra europeos. Desde esa perspectiva histórica la existencia de Israel es un peligro existencial para los judíos, no una tabla de salvación. Según una encuesta de Pew Research (2021), solo el 48% de los judíos estadounidenses menores de 30 años considera que Israel es "esencial" para su identidad judía (vs. 71% en mayores de 65). Un Estudio de J Street (2023) muestra que el 60% de los judíos jóvenes apoya sanciones a Israel por la expansión de asentamientos en Cisjordania.

IfNotNow y Jewish Voice for Peace (JVP) lideran protestas contra la ocupación, con eslóganes como "Not in Our Name" ("No en nuestro nombre"). El gobierno de Netanyahu, con su alianza con la ultraderecha (Ben-Gvir, Smotrich) y la represión en Gaza han alienado a progresistas. Informes de Amnistía Internacional (2022) y Human Rights Watch (2021) acusan a Israel de un régimen de supremacía judía desde el río Jordán al mar Mediterráneo. Más de 35,000 palestinos muertos (ONU, 2024), incluidos 14,500 niños (Save the Children). La Ley del Estado-Nación (2018) de Israel prioriza los derechos de los judíos sobre los árabes israelíes, considerada discriminatoria por la UE y la ONU.

Según un informe de la Liga Antidifamación (ADL, 2023) ha habido un aumento del 400% en incidentes antisemitas en Estados Unidos y Europa tras las operaciones militares en Gaza. Muchos asocian a todos los judíos con las políticas de Israel. En realidad, el sionismo sigue siendo polémico, incluso dentro del judaísmo. 

Es verdad que Israel es fuertemente apoyado por la población judía a nivel mundial, pero la tendencia es a la baja. Según Pew Research (2020), 82% de los judíos estadounidenses dicen que "Israel es parte importante de su identidad judía"; 68% siente una "gran conexión emocional" con Israel. Un estudio del Instituto de Política del Pueblo Judío (2022) dice que 87% de los judíos en Israel y 73% en la diáspora apoyan la existencia de Israel como Estado judío, pero solo el 46% de los judíos estadounidenses menores de 35 años aprueba las políticas del gobierno israelí.

Protestas con consignas como "From the River to the Sea", son interpretadas como llamados al exterminio de Israel, pero no es así. La desaparición del régimen supremacista israelí no implica necesariamente la masacre de judíos. Históricamente han vivido por siglos cristianos, mahometanos y judíos en Palestina. Pero es verdad que el nivel de barbarie ejercido por los israelí contra los palestinos crea un resentimiento que habría que superar en un estado integrado sin políticas de apartheid. ADL (Liga Antidifamación, 2023) considera que el eslogan implica la eliminación de Israel como Estado judío, citando su uso por Hamas y la Yihad Islámica. Una resolución del Parlamento Alemán (2019) lo clasificó como "antisemita" por negar el derecho a la autodeterminación judía. Un estudio de Dov Waxman (UCLA, 2022) dice que 62% de los palestinos que usan la frase la asocian con "un Estado único democrático", no con exterminio. Un informe de Jewish Voice for Peace (2023) señala que el eslogan existía antes que Hamas (años 1960, en la OLP) y originalmente pedía laicidad y derechos plenos. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) no ha fallado que la frase sea genocida, pero la Comisión Europea contra el Racismo (ECRI, 2021) advierte que puede incitar a la violencia según el contexto.

La evidencia histórica es que es posible una convivencia pacífica entre cristianos, judíos, y musulmanes. Para empezar, palestino no es sinónimo de musulmán, La población palestina por los 1880 era mayoritariamente 86% musulmanes, 9% cristianos, 5% judíos (en su mayoría sefardíes/mizrajíes). 

La convivencia pacífica entre judíos, cristianos y musulmanes en Palestina fue históricamente posible, y los palestinos (incluyendo cristianos y judíos mizrajíes/sefardíes) tienen lazos genéticos y culturales más profundos con la tierra que los colonos sionistas europeos. Judíos mizrajíes y sefardíes vivían en Jerusalén, Safed, y Hebrón desde siglos antes del sionismo. Rabinos anti-sionistas (Neturei Karta) argumentan que el judaísmo tradicional no buscaba un Estado judío antes del mesías. Judíos mizrajíes y palestinos comparten marcadores genéticos semíticos más cercanos que los judíos askenazíes (europeos). 

El sionismo político (no el judaísmo religioso) impulsó un Estado étnico-judío, desplazando a árabes en 1948 (Nakba). Datos de la ONU (1950): 750,000 palestinos fueron expulsados o huyeron; solo 150,000 permanecieron en Israel. La narrativa israelí de "Todos nos odian por ser judíos" simplifica un antisemitismo impulsado por políticas concretas (ocupación, bombardeos). 

El lobby proisraelí (AIPAC) estigmatiza a críticos como "antisemitas", polarizando el debate. Netanyahu ha instrumentalizado el antisemitismo para silenciar críticas, incluso de judíos. Según la perspectiva de cada uno, los palestinos se les puede considera o no como seres humanos. Para efectos de la discusión, asumamos por el momento que un palestino es un ser humano y que un bebé palestino vale tanto como un bebé israelí, en términos generales. Desde el punto de vista israelí, la mera existencia de palestinos es un riesgo existencial, para empezar porque son mayoría, se reproducen más rápido que los israelíes, y son la población nativa de Palestina. Desde el punto de vista de los palestinos, los colonos israelíes que llegan de otras tierras son invasores.

Hamas es un movimiento de resistencia político militar que en un principio fue apoyado por el gobernó Israel como un instrumento para dividir y debilitar la viabilidad de un Estado Palestino. Hamas es un movimiento de resistencia político-militar que, irónicamente, fue inicialmente tolerado por Israel en los años 80 para debilitar a la OLP (la organización secular palestina que entonces lideraba la lucha nacional). Hamas, en su Carta fundacional (1988) llama a la "eliminación de Israel" (Art. 7) y cita Los Protocolos de los Sabios de Sión (texto antisemita). La masacre de octubre 2023 donde 1,200 civiles israelíes murieron justifica el argumento que los palestinos tiene una intención genocida contra los israelíes. El ayatolá Jamenei (2024) de Irán, llamó a Israel "un tumor canceroso que debe ser erradicado". Nasrallah (2023) líder de Hezbollah declaro: "La existencia de Israel es un error histórico que corregiremos".

La desaparición de Israel como régimen de supremacía judía no implica necesariamente una masacre de israelíes. Existen otros escenarios posibles, como: 

  1. Un Estado binacional con igualdad de derechos para judíos y palestinos (modelo propuesto por intelectuales como Edward Said o Ilan Pappé); 
  2. Una confederación con dos entidades autónomas bajo un marco político compartido (como sugieren algunos sectores de la sociedad civil palestina e israelí). 

La narrativa sobre el desplazamiento masivo de judíos de países árabes (1948-1970) es compleja y controvertida. Países como Irak, Yemen, Libia y Egipto aprobaron medidas discriminatorias antes de cualquier acción israelí: 

  1. Irak (1948): Congelación de cuentas bancarias judías. Tras el establecimiento de Israel (1948), el gobierno iraquí despojó de la ciudadanía a los judíos y confiscó sus bienes.; 
  2. Libia (1945): Pogromos en Trípoli (140 judíos asesinados); 
  3. Yemen (1948): Leyes que prohíben a judíos vender propiedades.

Si bien es cierto que 850,000 judíos fueron expulsados o huyeron, y que perdieron propiedades valuadas en ~$150 mil millones (según Justice for Jews from Arab Countries), el papel de Israel en este proceso ha sido objeto de debate. 

Israel no fue un mero espectador en la salida de judíos de países árabes. Hubo acciones deliberadas para acelerar su migración: Operación Ezra y Nehemía (1950-1951): 130,000 judíos iraquíes fueron trasladados a Israel en vuelos masivos. El primer ministro israelí David Ben-Gurión promovió activamente la aliyá (inmigración judía) desde países árabes para fortalecer demográficamente a Israel. 

¿Provocación israelí?

  1. Atentados en Bagdad (1950-1951): Una serie de bombas en sinagogas y centros judíos en Irak (atribuidas a la red sionista clandestina) generaron pánico. Historiadores como Avi Shlaim sugieren que agentes israelíes pudieron estar involucrados para forzar la huida. The Guardian (2006) citó documentos desclasificados que vinculan a la inteligencia israelí con algunos ataques. 
  2. Caso de Egipto (1956): Tras la Crisis de Suez, el gobierno egipcio expulsó a 25,000 judíos y confiscó sus propiedades. Israel no inició esta expulsión, pero la usó para reforzar su narrativa de "refugio necesario". 

¿Se justifica la represión de palestinos, un porcentaje de los cuales son cristianos, en su propia tierra por colonos extranjeros, porque en otros países se estaba reprimiendo a minorías judías?

La calificación de Israel como un Estado de supremacía judía no es una mera opinión, sino una conclusión respaldada por Amnistía Internacional (2022): Documentó un sistema de apartheid contra los palestinos, con leyes que privilegian a los judíos en:

  • Ciudadanía (Ley del Retorno vs. prohibición del retorno palestino).
  • Tierras (93% del territorio controlado por el Fondo Nacional Judío, que discrimina a no judíos).
  • Derechos políticos (palestinos en Cisjordania no pueden votar en las elecciones israelíes).

Human Rights Watch (2021) concluyó que Israel practica "persecución sistemática" contra los palestinos, cumpliendo la definición legal de apartheid. Ley del Estado-Nación (2018) establece que solo los judíos tienen derecho a la autodeterminación en Israel, relegando a los árabes israelíes (20% de la población) a ciudadanos de segunda clase.

La narrativa Israelí justifica ¨el derecho a existir ¨ de Israel en una identidad nacional étnica y religiosa única y especial que ha sido perseguida por milenios. Pero, genéticamente, los palestinos y los judíos comparten un origen semita (arabe) común. Estudios han demostrado que los judíos y los palestinos tienen una historia genética similar, con ancestros compartidos que se remontan a miles de años atrás. Según investigaciones de la Universidad Hebrea de Jerusalén, muchos palestinos son descendientes de poblaciones antiguas, algunas de las cuales eran judías que se convirtieron al Islam en el siglo VII. Es decir, los palestinos de hoy son judíos que se negaron a a abandonar su tierra durante la diáspora judía causada por la expulsión de los judíos por los romanos ocurrió principalmente después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C. y la revuelta de Bar Kojba en el 135 d.C. Tienen más derechos a su tierra ancestral que conversos europeos.

¿Qué puede haber más antisemita que una turba de soldados del IDF cantando por las calles de Amsterdam muerte a los árabes? ¿no es ese el arquetípico comportamiento de un self hating jew?

Israel se presenta como un Estado que une a todos los judíos del mundo, pero en la práctica, existe una jerarquía étnica profundamente arraigada que privilegia a los judíos askenazíes (de origen europeo) sobre los mizrajíes (judíos árabes) y los beta israel (judíos etíopes). Esta discriminación se manifiesta en el trato diario, las costumbres, la vestimenta y hasta en la definición misma de lo que significa "ser judío" en Israel.

Los mizrajíes (provenientes de países árabes como Irak, Yemen o Marruecos) llegaron a Israel en los años 50 y 60, pero fueron tratados como ciudadanos de segunda clase. Fueron enviados a ciudades periféricas y barrios marginales (como Sderot o Lod), mientras los askenazíes ocupaban centros urbanos desarrollados. Muchos fueron sometidos a esterilizaciones forzadas en los años 50 (documentado en investigaciones como las del periodista Yehuda Shenhav).

Los judíos etíopes sufren exclusión laboral y policial: En 2020, un informe del Ministerio de Justicia israelí reveló que el 43% de los empleadores admitieron discriminar a etíopes. La policía israelí ha sido acusada repetidamente de brutalidad contra jóvenes etíopes (ejemplo: el caso de Solomon Tekah, asesinado por un policía en 2019).

Los mizrajíes fueron históricamente etiquetados como "primitivos" y "poco educados" por su herencia árabe. En los años 50, el gobierno ashkenazi promueve la "asimilación forzada", prohibiendo el uso del árabe y ridiculizando sus tradiciones. Aún hoy, apellidos mizrajíes (como "Cohen-Tzedek" o "Mizrahi") son menos valorados que los askenazíes (como "Rabinowitz" o "Goldberg") en círculos de élite.

Los judíos etíopes son vistos como "negros no del todo judíos": En 2013, un informe reveló que clínicas israelíes tiraban sangre donada por etíopes por miedo a "enfermedades africanas". Rabinos ortodoxos askenazíes han cuestionado su judaísmo, obligándolos a conversiones forzadas pese a su historia milenaria. 

La imagen del judío israelí "típico" en los medios y la política es blanco, secular y de origen europeo (ej: Netanyahu, Herzog). Los mizrajíes que adoptan cultura árabe (música, dialectos, gastronomía) son vistos como "poco israelíes". Movimientos como "Ars Poetica" (de poetas mizrajíes) denuncian que su identidad es borrada en favor de una narrativa sionista europeizada. Los etíopes son exotizados (usados como símbolo de "diversidad") pero no integrados: En 2018, una modelo etíope-israelí (Titi Aynaw) fue vetada de un evento oficial por "no representar la belleza israelí".

Los rabinatos askenazíes controlan las instituciones religiosas y desprecian las tradiciones mizrajíes: Parejas mizrajíes han sido obligadas a rehacer sus bodas bajo ritos askenazíes. En ciudades como Jerusalem, hay templos exclusivos para askenazíes y otros para mizrajíes. Los etíopes son tratados como "judíos de segunda": En 2022, una escuela religiosa en Petah Tikva rechazó a niños etíopes porque "manchan la pureza del pueblo judío".

"Panteras Negras Mizrajíes" (años 70) y "Olim Be’Tzedek" (etíopes en 2015) han luchado contra el racismo estatal. En 2023, miles de etíopes marcharon en Tel Aviv contra la brutalidad policial. El partido Shas (mizrají ultra ortodoxo) logró representación política, pero sin acabar con la desigualdad. Algunas figuras públicas (como Yehuda Poliker, hijo de sobrevivientes del Holocausto griego) han denunciado el "apartheid interno" de Israel. Mientras los askenazíes dominan la política, economía y cultura, mizrajíes y etíopes enfrentan un racismo sistémico.

¿Es Israel una democracia? Sí, para judíos israelíes (libertad de expresión, elecciones). No, para palestinos bajo ocupación (sin derechos políticos, movimiento restringido, tribunales militares).

La propaganda Israelí tiene un doble discurso, por un lado oficialmente Israel es un Estado judío, pero al mismo tiempo se promueve como una sociedad progresista, laica y liberal. Israel cultiva cuidadosamente una imagen dual: por un lado, se presenta como un "Estado judío" étnico y religioso, mientras que, al mismo tiempo, se promociona internacionalmente como una "democracia liberal y progresista", similar a las sociedades occidentales. Esta contradicción no es accidental, sino una estrategia de propaganda diseñada para justificar el apartheid contra los palestinos mientras se gana apoyo en Occidente.

Cualquier judío del mundo puede obtener ciudadanía israelí, mientras que los palestinos refugiados (expulsados en 1948) tienen prohibido el retorno. Esta regla es bastante arbitraria , porque étnicamente los palestinos son judíos, y religiosamente, gran parte de los israelíes son laicos.

Genéticamente, los palestinos y los judíos comparten un origen semita (arabe) común. Estudios han demostrado que los judíos y los palestinos tienen una historia genética similar, con ancestros compartidos que se remontan a miles de años atrás. Según investigaciones de la Universidad Hebrea de Jerusalén, muchos palestinos son descendientes de poblaciones antiguas, algunas de las cuales eran judías que se convirtieron al Islam en el siglo VII. Es decir, los palestinos de hoy son judíos que se negaron a a abandonar su tierra durante la diáspora judía causada por la expulsión de los judíos por los romanos ocurrió principalmente después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C. y la revuelta de Bar Kojba en el 135 d.C. 

Las pruebas de ADN son ilegales en Israel porque los palestinos son genéticamente más judíos que los colonos europeos que llegaron a desplazarlos. Desde 2021, Israel prohíbe pruebas comerciales de ascendencia (ej. MyHeritage), alegando "riesgo a la identidad nacional". Críticos (como Nurit Peled, premio Sajarov) denuncian que se oculta el parentesco judío-palestino.

Los palestinos que se han quedado por milenios contra viento y marea, tienen más derechos a su tierra ancestral que conversos europeos. La última ironía es que otra diáspora es causada en Palestina por invasores europeos, como en los tiempos del imperio romano.

En Israel, aproximadamente 41.4% de la población judía se considera laica. Dentro de la sociedad israelí: un 38.5% se identifica como tradicional, mientras que el 20% restante pertenece a grupos ortodoxos y ultraortodoxos. Es verdad que los israelíes ateos creen que Dios les dio un título de propiedad en Palestina. 

Entre 50,000 y 100,000 judíos ultraortodoxos (Haredim) se oponen al sionismo por razones religiosas. Creen que un Estado judío solo puede ser establecido por el Mesías, no por medios humanos. Una encuesta en Israel (2023, Israel Democracy Institute) encontró que 13% de los judíos ultraortodoxos (Haredim) dicen que el Estado de Israel es ilegítimo religiosamente. Sin embargo, la mayoría de los Haredim vive en Israel y acepta sus beneficios económicos, aunque no apoyan su ideología sionista. 

Dentro de la ortodoxia religiosa judía, hay diferentes interpretaciones sobre el regreso de los judíos a Israel antes de la llegada del Mesías. Algunas corrientes ultraortodoxas, como los Neturei Karta, sostienen que el pueblo judío no debe establecer un Estado en Israel hasta que el Mesías llegue, ya que consideran que el exilio fue decretado por Dios y solo Él puede ponerle fin. Sin embargo, otras interpretaciones dentro del judaísmo ortodoxo creen que el regreso de los judíos a Israel es parte del proceso de redención y que la creación del Estado de Israel en 1948 es un paso hacia la llegada del Mesías. Según Maimónides, el Mesías reunirá a los judíos en Israel y restaurará la soberanía judía. Por lo tanto, la visión sobre el regreso a Israel antes del Mesías varía dentro de la ortodoxia judía.

La Ley del Estado-Nación (2018) establece que solo los judíos tienen derecho a la autodeterminación en Israel, relegando a los árabes israelíes (20% de la población) a ciudadanos de segunda clase.

Cisjordania está bajo ocupación militar, con asentamientos judíos ilegales (según la ONU) que disfrutan de derechos plenos, mientras los palestinos viven bajo toque de queda y tribunales militares. 

Gaza es un gueto sitiado desde 2007, con bloqueos que limitan alimentos, agua y medicinas. 

Israel lava su imagen (hasbara) promoviendose como único país gay-friendly de Medio Oriente. Se usa los derechos LGTB+ para ocultar la opresión a los palestinos.  Se oculta la discriminación contra judíos mizrajíes y etíopes, así como la **brutalidad policial** contra los árabes israelíes (ej: represión en Lod y Umm al-Fahm en 2021). 

Para Occidente, Israel se vende como un "bastión democrático" en Medio Oriente, ganando apoyo de EE.UU. y la UE. Muchos judíos liberales (especialmente en EE.UU.) apoyan a Israel por identidad, pero ignoran su naturaleza racista y psicopática.

El régimen israelí necesita mantener una mayoría judía, por eso niega el retorno palestino y atrae judíos occidentales con la imagen de un "país moderno", mientras impone leyes religiosas ultraortodoxas en temas como matrimonio y conversión. 

 Cuando se denuncian masacres como las de Gaza, Israel responde con: "Nos defendemos de terroristas" (terrorista para un israeli es sinónimo de palestino). Un régimen colonial con marketing liberal. Como lo señaló Obama, Israel no puede ser al mismo tiempo un "Estado judío" (que privilegia a un grupo étnico-religioso) y una "democracia liberal" (que garantiza igualdad para todos). 

Para evitar malinterpretaciones, no apoyo la violencia institucional, ya sea por parte de Palestina o de Israel.

La moralidad y legitimidad de IDF y Hamas es cuestión de perspectiva. Desde el punto de vista que los palestinos son animales rabioso que se oponen a Israel porque con antisemitas definitivamente Hamas es solo una organización terrorista. 

 La clasificación de Hamas como grupo terrorista depende del marco legal y político: Para Israel y Occidente Hamas es un grupo terrorista (UE, EE.UU., Canadá lo designan así). Razón: Ataques contra civiles (ej. 7/10/2023). Para Palestina y parte de la comunidad internacional: Es un movimiento de resistencia contra la ocupación (reconocido por la ONU como actor político en Gaza).

Cita de la ONU (Resolución 37/43, 1982): "La legitimidad de la lucha de los pueblos por la independencia contra la ocupación extranjera". 

¿Quiere Hamas un Estado con igualdad? Su Carta de 2017 rechaza explícitamente una solución binacional y exige la "liberación de toda Palestina". Pero Hamas no representa a todos los palestinos: organizaciones como la Iniciativa Nacional Palestina (Mustafa Barghouti) buscan un Estado secular con igualdad. 

¿Es posible un situación de paz como la que se logró en Sudáfrica? Tal vez no ¿La implausibilidad de que la violencia reseda justifica un genocidio? Eso le corresponde resolverlo al genocida y a los que lo apoyan. La justicia es en la práctica el derecho del más fuerte

La retórica de Irán es anti sionista (contra Israel como Estado), no necesariamente antisemita (contra judíos como pueblo). En Gaza aún viven aproximadamente mil cristianos, y sufren mas a manos de IDF que de Hamas. En el Líbano, donde gobierna Hezbollah conviven cristianos y musulmanes (aunque con tensiones sectarias). Mientras Hamas no permite sinagogas en Gaza, Israel destruye mezquitas y discrimina a árabes musulmanes y cristianos.

Israel no es una democracia plena, sino un Estado étnico con apartheid (según organismos internacionales). Hamas puede ser considerado un grupo terrorista, pero ¿Qué opciones de resistencia tienen los palestinos si de entrada se establece que no se les dará concesión alguna? 

Mientras Israel mantenga un régimen de apartheid, la resistencia palestina persistirá. Sin embargo, la solución no está en el exterminio, sino en un modelo de convivencia que garantice seguridad para israelíes y libertad para palestinos. La solución no es el genocidio de los judíos de Israel, sino el fin de un régimen supremacista de apartheid, que por ejemplo conceda el derecho al retorno palestino (resolución 194 de la ONU). Posiblemente un Estado binacional o dos Estados con plenos derechos.