Resumen: El presente ensayo argumentativo examina la tesis sociohistórica de que las comunidades religiosas —tanto la hegemonía histórica del catolicismo romano como la emergente expansión neopentecostal y evangélica— han sido de manera constante instrumentalizadas por élites políticas y jerarquías eclesiásticas para la acumulación de poder corporativo, la legitimación de regímenes y la contención de transformaciones sociales. Se analiza la ambivalencia semántica del concepto griego ekklesía (comunidad horizontal versus institución jerárquica), la resistencia de la Iglesia católica ante el Estado laico juarista, la manipulación de la población campesina y el «matriarcado cristero» en la década de 1920, y la posterior penetración evangélica promovida en el marco geopolítico de la Guerra Fría. Asimismo, se incorpora la métrica estadística contemporánea sobre el cambio religioso (Pew Research Center y CONICET), el uso ritual de iconografía e ideología del Sionismo Cristiano en los templos neopentecostales del siglo XXI, y la confluencia de este fenómeno con la polarización política en Brasil y la sacralización del libre mercado en la Argentina de Javier Milei, evaluando finalmente el debate historiográfico entre la manipulación verticalista y la agencia autónoma de los creyentes.
I. La Ambivalencia de la Ekklesía
El estudio de la intersección entre el fenómeno religioso y la estructura del poder político en México y América Latina exige disecar la categoría conceptual de «Iglesia». Desde su etimología en el griego clásico, ekklesía (ἐκκλησία) designaba la asamblea horizontal de ciudadanos convocados para deliberar sobre los asuntos de la polis. En el cristianismo primitivo, el término conservó esta dimensión comunitaria, horizontal y de cohesión identitaria. Sin embargo, en el curso de la institucionalización histórica, el concepto sufrió una translación semántica: pasó de definir al cuerpo orgánico de creyentes a identificar a la estructura jerárquica, burocrática y sacerdotal que ostenta el monopolio de la administración de lo sagrado.
Esta ambivalencia ha sido la piedra angular sobre la cual se edifica la instrumentalización política. Las élites gubernamentales y las dirigencias eclesiásticas recurren sistemáticamente a la sobreposición de ambas nociones: apelan a la fe incondicional de la comunidad de creyentes para legitimar las agendas corporativas, económicas o electorales de la institución. Como señalan investigaciones del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM [1] y el sociólogo Elio Masferrer Kan [5], la sacralización de las identidades religiosas opera como un poderoso mecanismo de movilización colectiva que disuelve la conciencia de clase o la adscripción ciudadana secular en favor de imperativos morales dogmáticos.
La hipótesis central de este ensayo sostiene que las comunidades religiosas en México y en el ámbito latinoamericano han funcionado como instrumentos de dominación política y social. Esta dinámica se evidencia desde las resistencias confesionales del siglo XIX frente al Estado laico en México, pasando por la instrumentalización del campesinado y el matriarcado moral en la Guerra Cristera, hasta la infiltración contemporánea de redes evangélicas como dispositivos de contención geopolítica, bloques de votación conservadora y plataformas de sacralización ideológica del libre mercado.
II. La Iglesia Católica y el Estado Laico Mexicano
1. Las Leyes de Reforma y la Fractura del Orden Corporativo
La consolidación del Estado-nación mexicano en el siglo XIX implicó una confrontación inevitable entre el proyecto liberal de secularización institucional y el modelo corporativo heredado del periodo novohispano. La promulgación de las Leyes de Reforma en 1859 por Benito Juárez [2, 7, 10] y la subsecuente extinción legal de las comunidades religiosas [15] buscaron desmantelar el fuero eclesiástico, la propiedad amortizada y el monopolio confesional sobre el registro civil y la educación. Como documenta Pablo Mijangos González [11], el obispado mexicano y la diplomacia vaticana interpretaron la secularización no como una delimitación de esferas, sino como una persecución existencial contra la civilización cristiana.
Lejos de limitar su oposición a la esfera teológica, la jerarquía católica respaldó abiertamente la intervención francesa y el Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo para preservar sus prerrogativas económicas y políticas. Cuando las circunstancias exigieron contemperar con el poder terrenal, la Iglesia estableció durante el Porfiriato un modus vivendi no escrito: una tolerancia pragmática donde el Estado flexibilizó la aplicación de la Constitución de 1857 a cambio de la neutralidad política eclesial y el mantenimiento de la paz social entre las masas rurales y urbanas [1, 3].
2. La Guerra Cristera (1926–1929): Manipulación Campesina y el «Matriarcado Moral»
El estallido de la Guerra Cristera en 1926 tras la promulgación de la Ley Calles expuso la versión más trágica de la instrumentalización religiosa. La decisión del Episcopado Mexicano de suspender el culto público el 1 de agosto de 1926 funcionó como una medida de presión política contra el régimen posrevolucionario, apostando a que el descontento popular derrocaría al gobierno [4, 8, 12]. El conflicto enfrentó a un Estado anticlerical intransigente contra un campesinado devoto movilizado bajo el grito de «¡Viva Cristo Rey!» [13].
En este escenario, el clero y las organizaciones confesionales (como la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa) instrumentalizaron el arraigo devocional del mundo rural. Investigaciones sobre el llamado «matriarcado cristero» muestran cómo las mujeres —articuladas clandestinamente en las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco— ejercieron una coerción moral asfixiante sobre los hombres en el ámbito doméstico. Madres, esposas y hermanas calificaban de "impíos" o "cobardes" a los varones que dudaban en tomar las armas, bajo la premisa inculcada por el clero de que la salvación del alma dependía de la restauración del culto sacramental [12, 13].
«La Iglesia utilizó la fe del campesinado como moneda de cambio geopolítica. Cuando los 'Arreglos' de 1929 se firmaron entre la cúpula eclesiástica, el gobierno mexicano y la mediación del embajador estadounidense Dwight Morrow, los combatientes campesinos fueron desarmados y abandonados a la represión militar sin amnistía real ni modificación constitucional.» (Jean Meyer, La Cristiada) [4, 12].
III. De la Teología de la Liberación a la Penetración Evangélica
1. El Giro Geopolítico de la Guerra Fría
Durante la segunda mitad del siglo XX, el rol político de las comunidades religiosas sufrió un viraje estratégico. La emergencia de la Teología de la Liberación tras el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (1968) articuló una opción preferencial por los pobres que legitimó las luchas sociales, las huelgas campesinas y los movimientos de liberación en América Latina. Esta vertiente transformó a sectores de la Iglesia en focos de concienciación crítica y resistencia contra las dictaduras militares y los regímenes autoritarios.
Los Documentos de Santa Fe y la Contención Ideológica
Ante la radicalización del catolicismo de base, los centros de inteligencia de los Estados Unidos identificaron a la Teología de la Liberación como una amenaza directa a la seguridad hemisférica. El conocido Documento de Santa Fe I (1980), elaborado por asesores de la administración Reagan, estableció explícitamente que la política exterior estadounidense debía combatir a la «teología de la liberación» por considerar que transformaba la fe cristiana en un instrumento de agitación subversiva marxista-leninista.
Para neutralizar este fenómeno, se fomentó deliberadamente la expansión de sectas y misiones neopentecostales procedentes del cinturón bíblico (Bible Belt) de los Estados Unidos [5, 14]. Como explica Elio Masferrer Kan [5], las iglesias evangélicas ofrecían un modelo teológico centrado en la Teología de la Prosperidad, el individualismo salvífico y la obediencia a las autoridades establecidas, contrapesando el colectivismo redistributivo de la izquierda católica.
2. La Métrica Estadística de la Transición Religiosa
La sociología de la religión en América Latina ha documentado cuantitativamente este desplazamiento durante las últimas tres décadas: la erosión de la hegemonía histórica del catolicismo romano y la acelerada expansión de los movimientos evangélicos y neopentecostales. Investigaciones del Pew Research Center (2014) confiman que la proporción de adultos latinoamericanos identificados como católicos descendió del 80% en 1990 a menos del 69% hacia mediados de la década de 2010, mientras que la adscripción evangélica alcanzó en promedio el 20% a nivel continental, superando el 40% en diversos países de América Central y el 30% en Brasil.
En el caso de Argentina, la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas realizada por el CONICET (2019) bajo la dirección de Fortunato Mallimaci, Juan Cruz Esquivel y Verónica Giménez Béliveau, ofrece evidencia cuantitativa sobre esta metamorfosis sociodemográfica [16]:
| Filiación / Identificación Religiosa | Primera Encuesta CONICET (2008) | Segunda Encuesta CONICET (2019) | Variación Porcentual Neta |
|---|---|---|---|
| Catolicismo Romano | 76.5% | 62.9% | -13.6% |
| Evangélicos (Pentecostales / Neopentecostales) | 9.0% | 15.3% | +6.3% |
| Sin Religión (Ateos, Agnósticos, Creyentes sin filiación) | 11.3% | 18.9% | +7.6% |
| Otras Religiones (Judaísmo, Islam, Afro-americanas, etc.) | 3.2% | 2.9% | -0.3% |
3. Conflictos Intraétnicos en el Sur de México
En estados como Chiapas y Oaxaca, la penetración de grupos evangélicos a partir de las décadas de 1970 y 1980 alteró profundamente las estructuras comunitarias basadas en los usos y costumbres tradicionales. La negativa de los conversos evangélicos a participar en los sistemas de cargos comunitarios —que fusionan la jerarquía política local con las festividades del catolicismo sincretista— derivó en expulsiones masivas, despojo de tierras y enfrentamientos físicos armados entre pobladores indígenas de la misma etnia (como en San Juan Chamula).
Analistas sociológicos coinciden en que estas disputas, aunque tipificadas formalmente como «conflictos religiosos», ocultaban pugnas por el control político municipal, el acceso a recursos públicos y la ruptura de la cohesión comunitaria que entorpecía la penetración de proyectos económicos y electorales externos [1, 5, 14].
IV. El Neoconservadurismo Contemporáneo
En el siglo XXI, la instrumentalización de las comunidades religiosas ha migrado de la contención geopolítica de la Guerra Fría a la estructuración de bloques electorales decisivos dentro de la democracia formal. Este fenómeno se caracteriza por la simplificación de la arena política en dos identidades canónicas polarizadas:
- La Izquierda: Asociada por las narrativas confesionales con el "marxismo cultural", la agenda del aborto, la ideología de género, las políticas de diversidad sexual y la disolución de la familia tradicional.
- La Derecha: Vinculada con la defensa del "orden natural", la narrativa de libertad económica, el libre mercado, la propiedad privada y la prosperidad promovida por la bendición divina.
1. La Estética Judaica en el Neopentecostalismo y la Teología del Dominio
Un fenómeno sociocultural distintivo en los cultos neopentecostales del siglo XXI es la incorporación intensiva de parafernalia, símbolos y términos procedentes de la tradición judía y del Estado de Israel. En templos e intervenciones públicas de iglesias formalmente cristianas, es habitual el despliegue de banderas israelíes, el uso ritual del shofár (cuerno de carnero), la exposición de la Menorá (candelabro de siete brazos) y el arca de la alianza, así como la adopción de terminología hebrea (Yahvé, Ruach, Shalom, Adonai).
Desde la sociología del fenómeno religioso (Reneé de la Torre, Pablo Semán) [18, 19], la apropiación neopentecostal de la simbología judaica no constituye una conversión teológica al judaísmo rabínico, sino un ensamblaje simbólico fundamentado en dos pilares doctrinarios:
Fundamentos Doctrinarios del Ensamblaje Simbólico:
- El Sionismo Cristiano y el Dispensacionalismo: Sustentado en lecturas literales de pasajes bíblicos como Génesis 12:3 («Bendeciré a los que te bendijeren»), este marco teológico sostiene que la bendición espiritual y la prosperidad económica de las naciones están ligadas directamente al respaldo político y material al pueblo judío y al Estado de Israel. Israel es interpretado no solo como un actor geopolítico, sino como el "reloj profético" indispensable para la escatología cristiana.
- La Teología del Dominio y el Mandato de las Siete Montañas: Esta corriente postula que los cristianos deben ocupar y "reconquistar" las esferas de influencia estratégica de la sociedad (gobierno, economía, medios, educación, familia, artes y religión). En este esquema, los símbolos del Antiguo Testamento invocan una imagen de "guerra espiritual", firmeza moral y pacto davídico frente al secularismo y al Estado regulador.
2. El Caso de Brasil: La Bancada Evangélica y la Coerción Pastoral
En Brasil, el segmento evangélico —que abarca más del 31% de la población según datos oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE)— se ha consolidado como un actor político clave. Durante la presidencia de Jair Bolsonaro, la consigna «Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos» materializó la alianza estratégica entre la derecha política, el agronegocio y las corporaciones pastorales (como la Iglesia Universal del Reino de Dios).
Estudios sociológicos y testimonios de campo exponen la paradoja de votantes pertenecientes a sectores populares vulnerables que, beneficiándose directamente de los programas de redistribución de ingreso impulsados por la izquierda (como los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva), votan sistemáticamente en contra de sus propios intereses socioeconómicos motivados por el mandato pastoral:
«Múltiples testimonios en las favelas de Río de Janeiro y São Paulo convergen en la misma premisa: "Lula ha sido un buen presidente y nos dio de comer, pero mi pastor me ordena votar contra él porque representa el mal moral y la destrucción de la familia".»
Este fenómeno demuestra cómo la autoridad espiritual disuelve la racionalidad del voto económico, transformando la elección parlamentaria en una cruzada escatológica entre el «bien» y el «mal» [5, 6].
3. El Caso de Argentina: Javier Milei, «Las Fuerzas del Cielo» y la Sacralización del Mercado
En Argentina, la irrupción política de Javier Milei y su coalición La Libertad Avanza ejemplifica una reconfiguración simbólica atípica en el panorama político regional. Si bien Milei fue criado en el seno de una familia católica tradicional, su proceso de formación política e intelectual incorporó un estrecho vínculo con el judaísmo ortodoxo (específicamente la corriente jasídica Chabad-Lubavitch y la tutoría espiritual del rabino Axel Wahnish).
Esta alineación personal y geopolítica se tradujo en un dispositivo de comunicación política que entrelaza la economía de libre mercado, la defensa irrestricta del Estado de Israel y la invocación permanente de relatos del Antiguo Testamento.
El lema político central de su movimiento, «las fuerzas del cielo», constituye una cita textual directa del Primer Libro de los Macabeos (capítulo 3, versículo 19), un texto del periodo helenístico que narra la rebelión armada de los macabeos en defensa de su fe y soberanía:
«Porque en la guerra la victoria no depende de la multitud del ejército, sino de la fuerza que viene del cielo.» (1 Macabeos 3:19).
La utilización de esta cita cumple una función sociopolítica precisa: enmarcar una contienda electoral y un programa de reformas económicas drásticas no como un debate técnico entre modelos de desarrollo, sino como una batalla moral asimétrica entre una minoría "iluminada" por la verdad y un sistema estatista percibido como corrupto e idólatra.
A diferencia de los discursos neoconservadores tradicionales que apelan a la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el discurso de Milei fusiona los principios de la Escuela Austríaca de Economía (Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard) con exégesis del Antiguo Testamento y la Torá:
- La Propiedad Privada como Mandamiento Divino: La prohibición bíblica del robo (Séptimo Mandamiento del Decálogo) es interpretada analíticamente por Milei como una condena explícita a los impuestos, al déficit fiscal y a la intervención estatal, catalogando al Estado no como un regulador del bien común, sino como un "mecanismo violento de espoliación".
- El Mercado como Orden Natural Bendecido: La libre competencia, la desregulación económica y la iniciativa individual son presentadas como la manifestación terrenal de la libertad concedida por el Creador al individuo, mientras que la justicia social redistribucionista es calificada como el producto del "pecado de la envidia".
- Alineamiento Geopolítico Radical: La promesa formal de trasladar la embajada argentina a Jerusalén y el alineamiento irrestricto con Israel y Estados Unidos en política exterior no solo responden a una estrategia diplomática, sino a un imperativo de coherencia dentro de su narrativa de pertenencia al "bloque occidental judeocristiano".
Desde la perspectiva de la ciencia política y la sociología electoral (Pablo Semán, Sergio Morresi) [19, 20], la adopción de símbolos y narrativas del Antiguo Testamento por parte de un líder político secular logró tender un puente altamente efectivo hacia el electorado evangélico y neopentecostal en Argentina, así como hacia sectores del catolicismo tradicional desencantados con las posturas del Papa Francisco y la jerarquía eclesiástica local. Para la comunidad neopentecostal, el lenguaje enfocado en el Éxodo, la épica de David contra Goliat, la defensa de Jerusalén y las referencias a las "fuerzas del cielo" resultan culturalmente familiares y teológicamente validadas, facilitando la adscripción emocional al candidato.
V. ¿Manipulación Vertical o Agencia Autónoma?
Dentro de la sociología de la religión y la ciencia política, el grado de control que ejercen las jerarquías sobre las bases de creyentes es objeto de un intenso debate. No existe un consenso unánime que reduzca a las comunidades religiosas a meros peones pasivos.
| Perspectiva Teórica | Postulados Principales | Principales Exponentes / Evidencia |
|---|---|---|
| Tesis de la Instrumentalización Vertical (Top-Down) | Las comunidades de fe son manipuladas por élites eclesiásticas y políticas mediante el uso del miedo moral, la coacción de la salvación eterna y el monopolio del dogma, para servir a intereses económicos corporativos y mantener el status quo. | Jean Meyer [4], Elio Masferrer [5], análisis del voto corporativo neopentecostal en América Latina. |
| Tesis de la Agencia Popular y Resistencia (Bottom-Up) | Los creyentes no son receptores pasivos. Apropiaron y reinterpretan los símbolos religiosos como herramientas de dignidad, red de apoyo comunitario, capital social e identidad frente al abandono del Estado secular y las crisis económicas. | Estudios de Teología de la Liberación, investigación etnográfica en sectores populares de la UNAM [1] y Redalyc [14]. |
Los defensores de la tesis de la agencia autónoma argumentan que la adhesión a iglesias evangélicas en sectores marginales responde a necesidades concretas: contención frente a las adicciones, violencia intrafamiliar y falta de servicios estatales. Para estos sectores, el templo funciona como una red de solidaridad económica y sanación emocional que el Estado laico no ha podido proveer [14]. Por tanto, la alineación electoral no sería una pura "ceguera ideológica", sino un intercambio pragmático de protección y reconocimiento social.
Por otro lado, los defensores de la tesis de la instrumentalización sostienen que, si bien la base social busca refugio comunitario, las dirigencias religiosas operan como verdaderas "empresas de fe" que monetizan el capital simbólico acumulado para negociar concesiones de medios de comunicación (frecuencias de radio y TV), exenciones fiscales y cargos de representación popular con los partidos políticos de turno [1, 6].
VI. Conclusión
El recorrido histórico, geopolítico y sociodemográfico ratifica la validez de la tesis planteada: las comunidades religiosas en México y América Latina han sido y continúan siendo instrumentalizadas para fines políticos corporativos y de control social. La manipulación ha operado de forma transhistórica, independientemente del signo confesional:
- La Iglesia Católica defendió sus privilegios feudales e institucionales oponiéndose a las reformas liberales del siglo XIX [2, 7, 10, 15] e incitó al levantamiento armado campesino durante la Cristiada [4, 12, 13], para posteriormente pactar con el Estado cuando sus intereses cupulares quedaron garantizados.
- Las comunidades Evangélicas y Neopentecostales contemporáneas han sido utilizadas como dispositivos geopolíticos de contención ideológica [5, 14] y consolidadas como bloques de votación conservadores que simplifican el debate democrático a una contienda moral bipolar en beneficio de las élites del libre mercado.
- Fenómenos recientes, como la adopción de parafernalia judía y lenguaje sionista por movimientos neopentecostales, o la sacralización del anarcocapitalismo en Argentina a través de las «fuerzas del cielo», demuestran que la instrumentalización de lo sagrado ya no requiere únicamente la mediación institucional eclesial tradicional, sino la convergencia entre teologías del dominio, estética veterotestamentaria y ofertas políticas libertarias.
El desafío fundamental para las democracias contemporáneas y para la preservación del Estado laico [6, 7] no reside en restringir la libertad de culto o descalificar la fe privada de las poblaciones, sino en distinguir de forma tajante entre la comunidad de creyentes en su dimensión cívica y las estructuras de poder eclesial y político que mercantilizan y politizan la fe. Garantizar la separación definitiva entre el dogma confesional y la deliberación pública sigue siendo, como en los días de Benito Juárez, la condición indispensable para la equidad, la diversidad social y la soberanía popular.
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