Pocos personajes del siglo XX mexicano encarnan con tanta radicalidad la resistencia del catolicismo intransigente frente al Estado posrevolucionario como Salvador Abascal Infante (1910–1994). Abascal no fue un observador pasivo de su tiempo; fue el ideólogo, organizador y jefe supremo de la Unión Nacional Sinarquista (UNS) en su etapa de mayor auge de masas, para convertirse más tarde en el gran archivero y editor de la memoria contrarrevolucionaria. Su biografía traza la línea continua que une a la resistencia subterránea de la Guerra Cristera con las sociedades secretas, la movilización cívico-religiosa de los años treinta, las disputas ideológicas con el fascismo europeo y la preservación cultural del México hispanista y católico a través de las imprentas.
I. La génesis secreta de la Cristiada: La "U", los éxitos políticos y la estrategia de Calles
Para comprender la formación política e ideológica de Salvador Abascal es indispensable remitirse a su entorno familiar y a la figura de su padre, don Felipe Abascal. La historiografía tradicional suele presentar a la Guerra Cristera (1926-1929) como una explosión campesina puramente espontánea desencadenada por el rigor jacobino de la "Ley Calles". Sin embargo, los testimonios orales recogidos por los historiadores James W. Wilkie y Edna Monzón de Wilkie desvelan una arquitectura subterránea meticulosamente articulada desde años antes.
Entre 1917 y 1925, don Felipe Abascal recorrió el país para tejer las redes de una organización clandestina conocida simplemente como la "U" (Unión). Operando bajo el manto legal de grupos laicos —utilizando principalmente la logística, representación y recursos de los Caballeros de Colón—, la "U" tenía la misión de unificar a todas las agrupaciones católicas hacia un fin supremo: el establecimiento de un gobierno católico en México dentro de los márgenes de la ley.
Lejos de nacer con una vocación levantisca, la "U" buscó primero la vía institucional y electoral, cosechando triunfos legislativos y municipales inéditos: lograron bancadas enteras de diputados en el Congreso local de Michoacán, dominaron casi por completo la diputación en Jalisco y colocaron a numerosos presidentes municipales en el Bajío y el Occidente. No obstante, al cerrarse los espacios cívicos y desatarse la persecución religiosa, la cúpula de la "U" dio el salto hacia la insurrección armada, convirtiéndose en el embrión de los primeros focos cristeros en Pénjamo, Colima y Jalisco.
«Durante seis años mi padre viajó por toda la República fundando una organización, que fue secreta en aquella época y que ya no hay por qué seguir ocultando. Se llamaba la "U"... De esa famosa organización, disuelta por orden de la Santa Sede, alcanzó a nacer, a brotar, la Revolución Cristera. Los primeros brotes cristeros fueron encabezados por miembros de la "U".»
— Salvador Abascal (Testimonio ante James W. Wilkie)
En el penetrante análisis de Salvador Abascal, el estallido bélico no fue un accidente, sino una maniobra meditada por el propio Plutarco Elías Calles. A Calles le convenía precipitar la guerra civil religiosa para lograr un triple objetivo estratégico: amalgamar a las facciones revolucionarias divididas en torno a su liderazgo, eclipsar la sombra política de Álvaro Obregón y distraer la atención del ejército y la opinión pública de las concesiones diplomáticas contraídas con el gobierno de Estados Unidos en los Tratados de Bucareli.
II. El engaño de Cárdenas a Calles y la fragua de "Las Legiones"
Tras la firma de los "Arreglos" de 1929, la resistencia católica se replegó hacia el subterráneo. El ascenso de Lázaro Cárdenas a la Presidencia de la República en 1934 planteó un nuevo reto existencial para la derecha confesional. Cárdenas impulsó la educación socialista mediante la reforma al Artículo 3° constitucional y articuló el corporativismo obrero y campesino.
Salvador Abascal desmontó tempranamente el mito de un Cárdenas manipulable. En sus conversaciones con los Wilkie, Abascal revela cómo Cárdenas ejecutó una maniobra magistral de engaño político sobre el "Jefe Máximo". Calles favorecía la candidatura del general Manuel Pérez Treviño, pero Cárdenas cultivó astutamente a Rodolfo Calles (hijo del caudillo), presentándose como una "cándida paloma" y un dócil ejecutor que sería un segundo "Nopalitos" (en alusión al expresidente Pascual Ortiz Rubio). Rodolfo, entusiasmado, convenció a su padre de inclinar la balanza por Cárdenas, quien, una vez investido con la banda presidencial, demostró una astucia e inteligencia política consumadas para desmantelar al callismo en 1935 y 1936.
Ante la acometida del proyecto laico cardenista, surgió en 1934 la sociedad secreta **Las Legiones**, fundada en Jalisco y extendida a Querétaro y Michoacán. Estructuradas en células clandestinas masculinas y femeninas de entre 300 y 800 miembros, Las Legiones buscaban defender a la comunidad católica frente a la represión oficial. Abascal se integró en Morelia en 1935 y asumió la tarea de articular la organización en todo Michoacán, la Ciudad de México y la diáspora mexicana en el sur de Estados Unidos (cubriendo desde Brownsville y San Antonio hasta Dallas y San Francisco).
Como reveló el historiador y sacerdote Victorlet Ledit en su libro El frente de los pobres —basado en el testimonio del ingeniero Antonio Santacruz, último jefe nacional secreto de la entidad—, Las Legiones no fueron un mito urbano, sino la placenta organizativa que preparó el terreno para la acción pública.
III. La Unión Nacional Sinarquista: Entre la masa popular y el dilema del fascismo
En mayo de 1937, en la ciudad de León, Guanajuato, la jefatura secreta de Las Legiones decidió sacar a la luz pública su brazo de movilización: la Unión Nacional Sinarquista (UNS). El vocablo (del griego sin: con; arché: orden; "con orden", en oposición a la anarquía revolucionaria) dio nombre a un movimiento de masas inédito en la historia de la derecha hispanoamericana.
Cuando Salvador Abascal asumió la Jefatura Suprema de la UNS en 1940, el sinarquismo contaba con cientos de miles de afiliados: campesinos desposeídos, artesanos y clases medias urbanas del Bajío. Los sinarquistas marchaban en formación militarizada, luciendo camisas color café, un brazalete con el mapa de México sobre una bandera tricolor en cuadro blanco y rindiendo honores a la bandera en mítines multitudinarios, pero manteniendo una disciplina estricta de no violencia y prohibición absoluta de portar armas.
La propaganda aliada durante la Segunda Guerra Mundial tildó a la UNS como una "quinta columna del fascismo en México". La historiografía contemporánea ofrece un análisis matizado:
- Paralelos estéticos y doctrinales:
- La UNS compartió con el fascismo europeo y el falangismo español la disciplina marcial, la retórica del orden, el corporativismo, el anticomunismo y el rechazo a la democracia liberal ilustrada.
- Diferencias de fondo:
- A diferencia de los fascismos europeos —que eran movimientos estatistas, totalitarios y paganos—, el sinarquismo era un movimiento fundamentalista católico y antiestatista. Su objetivo no era la deificación del Estado, sino la subordinación del orden social a la doctrina de la Iglesia y el restablecimiento de la tradición cristiana.
IV. El desierto de María Auxiliadora y la desarticulación del movimiento
El punto culminante y el inicio del declive del liderazgo de Abascal en la UNS ocurrió en 1941 con la fundación de la colonia María Auxiliadora, en el desierto de Baja California Sur. Concebido por Abascal como una utopía agrarista y católica —una comunidad rústica regida bajo las leyes de la fe, al margen del Estado laico—, el proyecto movilizó a cientos de familias sinarquistas.
Sin embargo, la aridez extrema, la falta de agua y las fricciones entre Abascal y la cúpula secreta de Antonio Santacruz en la Ciudad de México provocaron el colapso del experimento. Abascal renunció a la Jefatura Suprema y fue expulsado de la UNS en 1944. Golpeado por las prohibiciones del gobierno de Manuel Ávila Camacho en el marco de la guerra mundial, el sinarquismo se fragmentó en facciones irreconciliables.
V. El eclipse político frente al PAN: La disputa por el alma conservadora
Durante la década de 1940, la derecha mexicana vivió una bifurcación estratégica. Por un lado, el sinarquismo encarnaba la vía extra-institucional, popular, campesina e intransigente. Por el otro, surgía en 1939 el Partido Acción Nacional (PAN), fundado por Manuel Gómez Morin y Manuel Ulloa, junto con intelectuales urbanos como Efraín González Luna.
El desplazamiento del sinarquismo por parte del PAN como la fuerza dominante del conservadurismo responde a tres claves evolutivas:
- Vía Electoral e Institucional:
- El PAN aceptó competir dentro del sistema de partido hegemónico, utilizando las urnas, el derecho constitucional y las tribunas parlamentarias como trincheras de resistencia cívica.
- Evolución Doctrinaria:
- Mientras Abascal rechazaba de plano la democracia liberal, el PAN estructuró un discurso de "democracia política" y "humanismo laico", atrayendo a empresarios, profesionales y clases medias urbanas.
- Urbanización e Industrialización:
- l rápido crecimiento de las ciudades a partir de los años cuarenta redujo el peso social del campesinado tradicional (base de la UNS) frente a las clases medias instruidas que adoptaron al PAN como vehículo de oposición moderna.
VI. La trinchera de la imprenta: Editorial Jus y la gesta de Rescoldo
Apartado de la política activa, Salvador Abascal trasladó su combate al plano historiográfico y cultural a través de Editorial Jus, sello fundado en 1938 por Manuel Gómez Morin pero convertido bajo la dirección de Abascal en el gran bastión de la literatura hispanista y revisionista.
Desde Jus, Abascal publicó obras destinadas a combatir la historiografía oficial liberal. No obstante, uno de los mayores hitos de la editorial fue el rescate de la narrativa cristera mediante la publicación de la trilogía del autor duranguense Antonio Estrada.
La aparición de Rescoldo: Los últimos cristeros (1961) —junto a La sed junto al río y Los indomables— constituyó un suceso estético. Hijo del cabecilla cristero Florencio Estrada, el autor inmortalizó la resistencia armada de los campesinos de Durango durante la "Segunda Cristiada" de los años treinta. Con un lenguaje de viva sonoridad popular y aliento telúrico —comparado por la crítica con Pedro Páramo de Juan Rulfo y valorado por historiadores como Juan Sasturain—, Rescoldo dio voz a aquellos combatientes olvidados por la jerarquía eclesiástica y el Estado.
VII. Legado histórico
Salvador Abascal Infante falleció en la Ciudad de México en 1994, fiel a su visión providencialista del mundo. Su legado no se refleja en cargos públicos ni en triunfos electorales, sino en su impronta sobre la memoria de la derecha mexicana.
Desde las catacumbas de la "U" y Las Legiones, pasando por las multitudinarias marchas sinarquistas, hasta la trinchera impresa de Editorial Jus, Abascal fue el hilo conductor de un pensamiento contrarrevolucionario que se negó a ser borrado, legando a la historiografía los testimonios indispensables para comprender las tensiones religiosas y sociales que modelaron al México contemporáneo.
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