lunes, 19 de octubre de 2026

The Coming Wave de Mustafa Suleyman

Suleyman describe la convergencia de IA y biología sintética como una “superola” con cuatro propiedades: hiper-evolución, omni-utilidad, disrupción asimétrica y autonomía sin precedentes. Su tesis central es una trampa de teoría de juegos: la competencia entre estados y mercados hace imposible detener la ola, pero no contenerla garantiza el colapso societal. Quien no desarrolle la tecnología quedará a merced de quien sí lo haga.

La no linealidad tecnológica desborda las instituciones del siglo XX, y el problema de contención es real. La primera mitad de la obra es un diagnóstico brillante. La ola genera externalidades negativas globales (riesgo existencial, bioseguridad, desinformación) sin precio que las internalice. La propuesta de Suleyman —“contención por diseño”, monitoreo de cómputo y licencias estrictas de laboratorio— podría leerse como un intento de internalizar costos sociales. Pero el documento adjunto revela la trampa: esas licencias y costos de cumplimiento (cientos de millones de dólares) restringen la entrada del mercado a un oligopolio capaz de absorberlos. Lo que se presenta como regulación ambiental del riesgo tecnológico es, en términos económicos, la construcción de una barrera de entrada y un foso corporativo inexpugnable.

Lo que Suleyman llama “responsabilidad” es rentismo tecno-feudal. Los incumbentes suben la escalera y la retiran tras de sí, con cobertura moral apocalíptica. Desde la economía política, esto es captura regulatoria clásica: la norma la diseña el regulado.

Si los estados operan en un dilema del prisionero de suma cero (EE.UU. frena, China acelera), entonces una pausa autoimpuesta por laboratorios privados simplemente transfiere el dominio del mercado a actores no constreñidos. En un mercado con incentivos de billones de dólares, la “contención” voluntaria de los líderes es económicamente irracional y, por tanto, no creíble. La cooperación solo sería estable con verificación coercitiva global, que Suleyman no puede garantizar. Mi análisis previo sobre la ausencia de instrumentos pigouvianos concretos queda confirmado y agravado: no solo faltan instrumentos, sino que los propuestos distorsionan la competencia a favor de los proponentes.

La retórica de The Coming Wave es “la humanidad es niños jugando con cerillas y los fundadores de Big Tech son los únicos adultos capaces de gestionar el fuego”. Esto no es nuevo: es el chasis retórico clásico del autoritarismo tecnocrático, con un guion de cuatro pasos (amenaza existencial → instituciones democráticas incapaces → élite técnica indispensable → suspensión de controles democráticos). Suleyman advierte de “estados zombis” y de la desconfianza democrática (más del 85% de los estadounidenses cree que el país va en mala dirección), pero en lugar de revitalizar las instituciones democráticas, deputa a las corporaciones tecnológicas como guardianas últimas de la civilización.

La solución de Suleyman es posdemocrática y ha sido etiquetada como tecno-feudal o tecno-fascista tanto desde la izquierda (sustituye la rendición de cuentas democrática por gobernanza corporativa de tres o cuatro monopolios) como desde el libertarismo (cártel sancionado por el Estado que usa la “seguridad” para aplastar la competencia de código abierto y vigilar el cómputo).

Suleyman asume que la democracia liberal capitalista occidental es el bien último que merece defenderse, pero su mecanismo para defenderla exige desmantelar su principio nuclear: que el poder rinda cuentas ante los gobernados, no ante los propietarios del capital. Esta es una contradicción performativa que refuta la propuesta: no se puede salvar la democracia aboliéndola. El análisis de Altman refuerza el punto: su estrategia —testificar ante el Congreso y pedir un organismo estilo OIEA— logra el mismo resultado por vía legal: formaliza el oligopolio mediante altos umbrales de cumplimiento para “modelos frontera”, expulsando a startups y desarrolladores de código abierto y dejando a OpenAI y sus pares como proveedores de utilidad de inteligencia global.

El “Gran Pacto” es un acuerdo entre estados e industria, con la sociedad como receptora pasiva de riesgos y beneficios. El documento añade una dimensión sociológica crucial: el conflicto de interés estructural. Cerca de la mitad del libro se lee como un pitch deck de altura para las propias ventures de Suleyman (DeepMind, luego Inflection AI, y Sapienship). El guion es explícito: (1) escribe un libro advirtiendo de una amenaza existencial incontrolable; (2) declara que la regulación estatal fallará y que la humanidad debe confiar en “hacedores responsables”; (3) recuerda al lector que tú eres uno de los “hacedores responsables” mejor financiados. El mensaje a inversores y gobiernos es inconfundible: se acerca el fin del mundo, financiadnos para construir el muro de contención.

La no proliferación nuclear no es análoga: el uranio enriquecido es físicamente rastreable; los pesos de un modelo de IA son matemática de coma flotante, código y pesos en silicio, infinitamente reproducibles a costo marginal cero una vez filtrados (como LLaMA de Meta o los modelos de Stability AI). Contener el software exigiría vigilancia ubicua del hardware (tracking a nivel de root en cada GPU), un panóptico total de la red (inspección de flujos cifrados) y la eliminación del código abierto (ilegalizar GitHub y arXiv). Además, las redes neuronales son cajas negras opacas: no podemos demostrar matemáticamente que un modelo no alucinará o será jailbroken. Prometer que los laboratorios serán “gestores ilustrados” que blindarán técnicamente a la humanidad no es una hoja de ruta de ingeniería: es un argumento de venta.

La crítica de Musk integra y refuerza esta refutación desde la sociología del poder: (a) la captura regulatoria como foso; (b) el peligro de imposición ideológica si un cártel decide qué es “seguro” y programa sus sesgos políticos y culturales, creando un panóptico cognitivo sanitizado; (c) la descentralización como verdadera seguridad: si el poder de la IA se dispersa entre millones, ninguna entidad puede establecer control absoluto. Esto conecta con mi crítica previa: la contención vertical de élites no es democracia; la alternativa es transparencia, código abierto y poder distribuido.

No solo podemos elegir entre caos tecnológico desregulado o centralización tecno-feudal. La contención tecnológica verdadera requiere:
  1. Infraestructura de cómputo pública, para que los estados democráticos no dependan de señores corporativos.
  2. Protección del desarrollo de código abierto, para mantener el poder descentralizado.
  3. Responsabilidad legal transparente y exigible para los creadores de tecnología, en lugar de inmunidad a cambio de “teatro de seguridad”.

La contención debe articularse con justicia ambiental, regulación democrática de la innovación y reducción de asimetrías de poder. El documento añade el instrumento concreto que faltaba: responsabilidad civil exigible (no captura regulatoria) e infraestructura pública (no dependencia de oligopolios). La metáfora final es precisa: el fuego de la IA ya está encendido, pero la respuesta no es entregar el control completo del horno a los mismos pirómanos que lo construyeron. El futuro de la inteligencia humana pertenece a la humanidad, no a un consejo autoproclamado de gestores ilustrados.

Extiendo el diagnóstico de Suleyman: la superola es real, asimétrica, exponencial y omni-útil; desestabilizará al Estado-nación del siglo XX; la competencia de teoría de juegos hace imposible una moratoria global. En esto, el libro es un trabajo de diagnóstico brillante.

Una alianza posregulatoria entre agencias de inteligencia estatales y un oligopolio autoproclamado de “adultos” de Silicon Valley es un caballo de Troya. Pide a la humanidad que rinda la agencia democrática, la libertad de código abierto y la soberanía individual a un cártel tecnocrático a cambio de la promesa de seguridad. Es económicamente inconsistente (la pausa voluntaria transfiere el mercado), políticamente autocrática (contradicción performativa) y técnicamente ilusoria (cajas negras, pesos reproducibles a costo cero).

The Coming Wave es una obra de alerta necesaria y un programa de acción defectuoso. Su valor es poner el problema en la agenda; su límite es confiar en que las élites que generan la ola pueden frenarla. La alternativa no es el caos ni el feudalismo tecnológico, sino infraestructura pública de cómputo, código abierto protegido y responsabilidad legal exigible. La contención democrática de la IA es posible, pero exige quitarle la llave del horno a los pirómanos, no entregársela con más fuerza.

Referencias

  • Suleyman, M. & Bhaskar, M. (2023). The Coming Wave: Technology, Power, and the Twenty-First Century’s Greatest Dilemma. Crown / Penguin Random House.
  • Hallpike, C. (2020). Critique of Grand Narratives in Popular Science and History. ResearchGate.
  • Altman, S. (2023). Testimony before the U.S. Senate Judiciary Subcommittee on Privacy, Technology, and the Law, 16 de mayo de 2023.
  • Musk, E. (2023–2024). Declaraciones públicas sobre xAI, modelos de código abierto (Grok) y regulación de seguridad de IA.
  • Arendt, H. (1951). The Origins of Totalitarianism. Schocken Books (retórica estructural de amenaza existencial y centralización tecnocrática).
  • Perez, C. (2002). Technological Revolutions and Financial Capital: The Dynamics of Bubbles and Golden Ages. Edward Elgar Publishing.
  • European Union (2024). The Artificial Intelligence Act (AI Act). Reglamento (UE) 2024/1689.
  • Mitcham, C. & Fuchs, S. (2024). “AI’s Wave”. Issues in Science and Technology.
  • Winter, S. (2024). Book review: The Coming Wave. Legal Information Management (Cambridge Core).

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