viernes, 25 de septiembre de 2026

Los Rollos Perdidos

El misterio histórico en 35 milímetros

La Operación Secreta de Servando González, la Tragedia de la Cineteca y el Rescate Forense de Canal 6 de Julio

El encargo cinematográfico encomendado al director Servando González durante la tarde del 2 de octubre de 1968 representa un episodio oscuro de la historia del cine y de la inteligencia estatal en México. A diferencia de los estudiantes del CUEC que filmaron de forma clandestina y fragmentaria con cámaras portátiles de 16 mm, el equipo de Servando González operó con el respaldo logístico del gobierno federal, empleando cámaras profesionales de 35 mm e infraestructura cinematográfica de alto nivel para registrar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas.

La ruta documental —que abarca desde la filmación secreta hasta la pérdida de los acervos y su posterior verificación pericial— ha sido reconstruida a través de dos obras clave del cine de investigación mexicano: el documental Los Rollos Perdidos (2012) de Gibrán Bazán (narrado por Daniel Giménez Cacho) y las pesquisas forenses de Carlos Mendoza y Canal 6 de Julio condensadas en Tlatelolco: Las claves de la masacre (2002).

En los días previos al 2 de octubre, Servando González —un realizador comercial consolidado en la industria mexicana, director de éxitos como Yanco (1961) y Viento negro (1965)— fue contactado por intermediarios de la Secretaría de Gobernación y de la Presidencia de la República. La orden fue emitida directamente por Luis Echeverría Álvarez, entonces Secretario de Gobernación de Gustavo Díaz Ordaz.

Por una suma contratada de 20 mil pesos de la época, el Estado financió un despliegue técnico sin precedentes, el mismo equipo óptico de alta definición adquirido por el gobierno para la transmisión de los XIX Juegos Olímpicos: el alquiler de 8 cámaras profesionales Arriflex de 35 mm y teleobjetivos potentes de 400 mm. Desde las 7:00 a.m. del 2 de octubre, González y su equipo de camarógrafos y asistentes (entre ellos Humberto Campos) quedaron instalados en los pisos 17 y 19 de la torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), posición que ofrecía una vista cenital e ininterrumpida de la Plaza de las Tres Culturas, el edificio Chihuahua y la iglesia de Santiago Tlatelolco.

Durante más de 18 horas continuas de grabación, el equipo acumuló cerca de 14,000 pies de película profesional en 35 mm (aproximadamente 8 horas de metraje efectivo). Las lentes de 400 mm capturaron en detalle la llegada de los manifestantes, el helicóptero lanzando las bengalas verdes, los disparos iniciales del Batallón Olimpia, los francotiradores en los balcones, el tiroteo contra las tropas del ejército regular, la desbandada de la multitud, la aprehensión de la dirigencia del CNH, el levantamiento de cadáveres durante la madrugada y el lavado de la explanada por las cuadrillas de bomberos.

II. Revelado Secreto y la "Lata Oculta"

Al despuntar el alba del 3 de octubre, los rollos fueron transportados bajo custodia del Estado Mayor Presidencial hacia los laboratorios de los Estudios Churubusco para un revelado de urgencia. La película fue proyectada en una sala privada ante altos funcionarios del gabinete y mandos militares. El objetivo gubernamental no era la divulgación pública, sino emplear el metraje como un insumo de inteligencia para evaluar el operativo, analizar los fallos de coordinación entre los francotiradores del EMP y la tropa regular, e identificar los rostros de los líderes estudiantiles sobrevivientes.

Según el testimonio de Humberto Campos en Los Rollos Perdidos, mientras el Ejército secuestró los negativos originales para los archivos confidenciales de la Presidencia y la SEDENA, se logró conservar una copia en positivo del metraje completo. Para proteger este duplicado de la purga documental, la película fue guardada en latas metálicas rotuladas bajo un nombre falso e historia supuesta. Esta "copia perdida" permaneció oculta durante años hasta que en 1976, al consolidarse el acervo de la recién inaugurada Cineteca Nacional en Calzada de Tlalpan y Churubusco, las latas fueron ingresadas a sus bóvedas de resguardo confidencial bajo dicha etiqueta apócrifa.

El 24 de marzo de 1982, un dantesco incendio destruyó las instalaciones de la Cineteca Nacional, reduciendo a cenizas cerca del 90% de la memoria fílmica del país. Aunque la versión oficial atribuyó el siniestro a un choque eléctrico y al almacenamiento de nitrato de celulosa en áreas cercanas a la cafetería, la investigación de Gibrán Bazán aporta testimonios cruciales. El crítico Jorge Ayala Blanco señala que el coordinador de la Cineteca, Fernando del Moral, acostumbraba a guardar las cintas más valiosas o clasificadas en un clóset privado detrás de la pantalla de la Sala Fernando de Fuentes. Los peritajes de los técnicos coinciden en que la primera y más violenta detonación ocurrió precisamente en ese espacio, donde se presume que se encontraba la lata etiquetada con el duplicado de Tlatelolco.

Si bien la copia en positivo completa se consumió en el incendio de 1982 o permanece archivada en bóvedas militares inaccesibles, la historia dio un giro decisivo en 1998. Durante el trigésimo aniversario de la masacre, en un contexto de apertura de comisiones investigadoras, llegaron a manos del cineasta Carlos Mendoza y la productora Canal 6 de Julio retazos de rollos, pruebas de laboratorio y descartes de corte (short-ends) en formato 35 mm que habían sido resguardados clandestinamente por antiguos trabajadores de los laboratorios de Churubusco.

Para dar validez probatoria a estos fragmentos en el documental Tlatelolco: Las claves de la masacre, Carlos Mendoza diseñó un protocolo de autenticación histórico-forense:

Verificación del Soporte Físico:
Se comprobó la emulsión cinematográfica profesional de 35 mm de alta sensibilidad con perforaciones industriales, descartando que se tratara de las filmaciones estudiantiles en 16 mm o 8 mm.
Triangulación de la Geometría Óptica:
La superposición de fotogramas sobre planos arquitectónicos confirmó que el ángulo de picada y la perspectiva cenital correspondían a una altura superior a los 50 metros, ubicando las cámaras en los pisos 17 y 19 de la SRE.
Análisis de Profundidad de Campo:
Se constató el uso de teleobjetivos de 400 mm que permitían acercamientos nítidos a los balcones del edificio Chihuahua y a la azotea de la iglesia.
Sincronización Cronológica:
Se cotejó la luz solar y la secuencia temporal con las bitácoras militares de la Operación Galeana, las transmisiones de radio y el documental El grito.

Impacto Historiográfico

La recuperación y autenticación pericial de estos fragmentos de 35 mm por parte de Canal 6 de Julio permitió congelar fotograma a fotograma la presencia del Batallón Olimpia con guante blanco y la ubicación de los francotiradores del Estado Mayor Presidencial. A pesar del papel sumiso de Servando González al poner la técnica cinematográfica al servicio de la vigilancia estatal, el análisis crítico de la imagen convirtió ese archivo confidencial en la prueba irrefutable de la responsabilidad del régimen priista. Como concluyen las investigaciones de Bazán y Mendoza, aunque el fuego y la censura intentaron borrar las pruebas, la investigación forense del cine demostró que la memoria es más fuerte que el olvido.

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